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sábado, 10 de diciembre de 2016

EN CÓRDOBA COMO EN OTROS LUGARES


Estuve en Córdoba y vi pobres como en todos lados. Observé aquellas calles y había un hombre de rodillas sobre un cartón, estuvo así casi todo el día, tenía un letrero que decía que pasaba hambre. Frente a él decenas de tiendas ofrecían sus productos navideños, decoradas para la ocasión. 
En la plaza de la Corredera cientos de sillas y mesas esperaba a los clientes para beber y comer 'rabos de toro', salmorejo o berenjenas con miel. 
Un variopinto ejército de hombres y mujeres invadía todas las aceras, casi todos atavíados con sus mejores galas, disfrutaban en el mes de diciembre de más de 20º de temperatura. 
Los grandes almacenes situados en los mejores lugares ofrecían miles de artículos para sus diversos clientes: pantalones, jerseys, chaquetas, calcetines, gorras, cazadoras, abrigos, etc. Un jersey al que miré su precio costaba 360 euros, era de tacto suave, pero para la mayoría de los bolsillos resultaba caro. Una cazadora azul, bonita valía casi 400 euros y con una tarjeta del establecimiento hacían un descuento del 30%. La gente miraba mucho, se probaba aquellas prendas, pero eran pocos los que compraban. 

En la plaza de las Tendillas había varias casetas con productos para comer: grandes panes de Galicia, unos a 5 euros, otros a 9 euros, pero éstos tenían nueces. En otras dos casetas vendía productos del cerdo ibérico: jamón, chorizo, salchichón, tocino, etc. Había casetas con turrón, otras con chocolate, las había con regalos de madera de olivo y muchas otras cosas.
Creo que en España, en Córdoba o en cualquier otro sitio de aquí, hay muchos pícaros, que intentan engañar a otros que son menos pícaros. Ví a un par de niños que iban con un pandero roto y cantando, de forma desagradable, por todas las mesas e incluso se atrevian a pedir dinero, y fue una de las situaciones más chabacanas que había visto. Aquellos dos daban voces, cantando villancicos y pedían dinero por su 'arte'.
La gran contradicción que ví en Córdoba, lo mismo que en Granada y que en otros lugares, es que hay muchas cosas para vender, pero la gente tiene poco dinero para comprar. Hay una infinidad de artículos absurdos en los escaparates, y esto es la feria de las vanidades, miles de personas buscando algo que les entre por los ojos, lo que les gusta, no lo pueden comprar porque es muy caro; lo que pueden comprar es de baja calidad y no es bonito. 
Allí, como en otros sitios hay grandes necesidades, pero no se prioriza. Observé un gran derroche de alumbrado de Navidad, mientras en muchas calles la estampa de gente pidiendo y rodeada de cartones que le servirían para dormir cuando llegase la noche, se contraponía con el gasto de adornos y parafernalía que había en las calles del centro. 
Allí, en Córdoba vi varias iglesias con su pobre en la puerta, ví mujeres y hombres, turistas y calés vendiendo lotería o regalando la 'famosa' plantita verde; el río Guadálquivir estaba allí y había dos mujeres vestidas como las que pintaba Julio Romero de Torres. Ví un puente y calles llenas de autos, no había donde aparcar y los sótanos de las ciudad se han convertido en garages para los coches, para cobrarles dinero por dejarlos allí un rato o unas horas, era una locura tanto vehículo, pero al final todos encontraron un lugar en el que pagaban una cantidad. 

Después cayó la tarde y anocheció y el alumbrado navideño iluminó aquellas calles céntricas. Los vestidos del Corte Inglés relucían en aquellos escaparates. Más tarde escuché en la radio que íbamos a consumir 55.000 piezas de jamón ibérico en esta feliz Navidad y que en estas fechas se acabaría con la producción de crustáceos, de cordero o de chivo. En fín, aún retumba en mis oídos el bullicio de Córdoba. Me acosté y tuve un sueño con pesadilla incluida. 
Hoy, en Alcalá lucía el sol, decenas de personas estaban en las terrazas de algún bar, muchos habían tenido un día de aceituna. El alumbrado de Navidad se sigue encendiendo un día tras otro. Hay belenes colocados en algunos sitios, escaparates llenos de productos y decenas de inmigrantes ríen en la Estación de Autobuses. Sergio Ramos ha vuelto a meter un gol en el minutos 92 y  ha salvado del ridículo a Zidane.

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