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lunes, 5 de diciembre de 2016

SOMOS IGUALES O PARECIDOS


Casi todos comemos lo mismo, bebemos lo mismo o leemos lo mismo, con gluten o sin él. Tenemos miedos iguales, habitamos casas con baño, y vestimos más o menos igual, con pañuelo al cuello o sin él. Hay personas que necesitan poco y otros que siempre están insatisfechos a pesar de que cada día se compran algo. 
En esta España monárquica, occidental y bipartidista nos preocupamos por el fútbol, el alumbrado de Navidad, las compras, el Banco de Alimentos o el consumo de vinos baratos porque los caros no están a nuestro alcance. Aunque otros no se preocupan de eso y tratan de preocuparse de su subsistencia. 
Intentamos viajar, ser moderadamente demócratas y decir que la violencia de género es una barbaridad y lo es. 
En el fondo somos muy iguales porque hemos mamado la misma cultura y a pesar de querer hacer una vida saludable, nos hartamos de azúcar, pan, carne, vino y cerveza y nos quedamos tan panchos. O no nos hartamos porque no hay suficiente dinero para ello. 
Hay gente que está todo el día en la calle y otros que están toda la jornada en su casa, puede ser porque los primeros no tienen vivienda. 
Hay gente que roba a manos llenas y nadie se entera, otros que roban exponiendo su pellejo y pocos se enteran. 

Tengo miedo, escucho a Carlos Cano, me hago la manicura, leo un artículo de Pérez Reverte, veo que Jesús Pozo se ha comido unas natillas en el bar el Charro de Frailes, etc. Alguien grita fenómeno, otros buscan setas, me tomé una manzana, bailé una pachanga en el salón; tengo miedo, mi mano está fría, salgo a la calle, entro, subo 17 escaleras, la puerta está abierta, paso y entro, en la cocina hay luz, entro, tomo una naranja, la pelo, huelo a naranja, me lavo las manos, sigo escuchando la música de Carlos Cano y parece que lo veo en Granada en el año 1976 y me digo ¿Manuel con el cacique qué vas hacer? Silvio Rodríguez me acerca a mis años universitarios, miro el Facebook, me limpio la cara con una crema reparadora, bajo la basura, la subo. Cuando no pueda mover las manos, moveré los dedos del pie, me ducho, me repaso la barba, me miro en el espejo de aumento y casi me veo los poros de mi piel. 
Todo el día metido en la casa, mañana me iré temprano al campo que me dé el aire fresco en la cara y sienta que estoy vivo. 
Fidel Castro está en su lugar de descanso eterno y Cuba ¿qué hará?
Han colocado un alumbrado navideño con lámparas que parecen platillos volantes en el Llanillo.

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