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viernes, 24 de marzo de 2017

ALCALÁ ES LA REPERA

Fui a la Mota y me encantó, subí en coche, con Paco Martín, Merce García, Juan Pablo un mexicano que se ha hospedado en el Asno Azul durante dos semanas para aclimatarse a la zona porque va a dirigir un taller en el festival Etnosur. Es un lujo tener a Paco Martín para conocer la Mota. El pasado martes, el alcalde nos levantó temprano, nos había citado a un pleno matinal para discutir la financiación de Mures, esta entidad se ha hecho famosa a través de la portavoz de IU, Rafaela López, porque en cada pleno defiende una serie de reivindicaciones como si solo existiera Mures en esta Alcalá socialista. El alcalde le cortó las alas a todas las aspiraciones reivindicativas de Mures, y además la ley le da la razón, dieciséis alegaciones que presentó Mures, dieciséis que se cargó, nada de hacer concesiones al enemigo, y además lo avala la ley, así que todos contentos, con el expediente avalado por los técnicos municipales.
Mientras tanto, le dieron el día a la concejala de Educación por haberse apuntado a una prueba de un programa de trabajo y salir tercera en la terna correspondiente. El que está contento es el concejal Custodio Valverde, parece un chico con zapatos nuevos, está disfrutando y trabajando de lo lindo en su trabajo en el Ayuntamiento, da gloria verlo por las instalaciones municipales, irradia alegría y la transmite; como la concejala Eva Bermúdez, que saluda efusivamente a la gente y nos ofrece su sonrisa más amplia cada vez que nos cruzamos con ella, y eso que no está liberada, si lo estuviera, estaría en un estado ideal.
Al concejal Juan Ángel Pérez solo lo veo en las fotos de la prensa provincial y en los plenos ordinarios y extraordinarios, ha ganado en relaciones sociales desde que se fue a la Diputación, se codea con artistas famosos de todos los pueblos de la provincia. Lo echo de menos, sobre todo en la Mota que necesita un hombre como él para terminar la rehabilitación total. Y en esto llegó Spiriman a Alcalá y lo hizo de una manera sencilla, y llegando a la gente; allí había ausencia de socialistas en el Convento de Capuchinos, pero claro estarán ocupados preparando la forma de que Susana Díaz se haga la líder indiscutible del socialismo español.
Y volvió el invierno y las temperaturas bajaron y hubo un incendio en la plaza del Ayuntamiento los gatos del Paseo de los Álamos se escondían en los arriates y enseñaban sus dientes a los que pasábamos por allí. Subí por las calles pendientes de los barrios antiguos alcalaínos, casi todas las casas estaban cerradas y muchas deterioradas, hay una despoblación y los vecinos están abandonando estos barrios, bueno ya los han abandonado. Sigo desayunando en el bar del Parque, allí me tratan como si fuese de la familia, me dan los buenos días a voces, me ponen la tostada en su punto y me despiden con grandes sonrisas.
Alcalá es la hostia, aquí se vive en la gloria, encima me puedo subir a las Cruces y contemplar el paisaje que ofrece con toda la ciudad a mis pies.

miércoles, 22 de marzo de 2017

SPIRIMAN CONQUISTA ALCALÁ

El paso del doctor Jesús Candel por Alcalá la Real fue esclarecedor y arrastró a más de 200 personas a la conferencia-debate que impartió en el Aula Magna del Convento de Capuchinos en la noche del pasado 21 de marzo. Invitado por la Asociación ‘Amici Culturae’, Candel se mostró con los alcalaínos como una persona cercana, inquieta que de la noche a la mañana se vio inmerso en el gran problema de la sanidad granadina y mostró, en pocos minutos, el papel que había jugado en los últimos meses para resolverlo. Jesús Candel no ofreció ninguna fórmula mágica sino que dijo con claridad que ‘La unión hace la fuerza’ y que con un simple video que subió a las redes sociales, inició este proceso de cambio en la sanidad andaluza. Por eso, dijo que había visto una decadencia en la medicina granadina y que esta se había convertido en un ‘cortijillo’ para los que gobiernan la misma. Habló de su caso en particular, de un médico normal que escogió el camino de las urgencias para humanizar la sanidad. Destacó el papel de las redes sociales y su forma de hacer uso de ellas, realizando videos, viendo la reacción de los mismos ante las personas y estudiando lo que le contestaban, las respuestas que le gente le daba.
En el fondo del problema, dijo, subyace la privatización de la sanidad por el partido gobernante y acusó a la administración sanitaria de un mal uso de los medios, una sobre carga de los profesionales de la medicina y de que la gente quiere hacerse toda una batería de pruebas médicas, cuando en la mayoría de los casos es suficiente con una, por eso dijo que hay que educar sanitariamente a los ciudadanos. Manifestó que en el caso de Granada con la fusión de los hospitales, hubo un gran engaño, al decir que todo el mundo estaba de acuerdo con la misma, ‘y no estaba todo el mundo de acuerdo, era un engaño, era un gran recorte sanitario’. Jesús Candel, llamado Spiriman se mostró como una persona normal que se interesó por este problema y con sus videos colgados en las redes sociales tuvo una respuesta desorbitada, después convocó las manifestaciones y la gente respondió a las mismas, por lo que añadió que el acuerdo se ha firmado y que el mismo se resolverá en el plazo de seis meses, con dos hospitales completos para Granada.
En el debate contestó a las preguntas que los alcalaínos le presentaron, muchas de ellas fueron de temas personales y no ofreció ninguna fórmula mágica para solucionarlas, sino que a la mayoría les dijo que hagan video de los problemas que cada uno tenga con la sanidad y los suban a las redes sociales. En definitiva, la fórmula de Jesús Candel no es nueva, lo que aconsejó es la solidaridad, compartir los problemas y que la gente salga a la calle a protestar cuando tenga problemas colectivos por resolver. El sistema actual español está podrido, añadió, y lo mismo que la sanidad, la educación o la justicia que son pilares básicos, están heridos de muerte y la sociedad civil tiene que hacer algo para rescarlos.

domingo, 19 de marzo de 2017

JUAN PABLO CHIPE TENDRÁ UN TALLER EN ETNOSUR

Vi por primera vez a Juan Pablo Chipe en la aldea de Ribera Baja, lo encontré en la puerta del Asno Azul y había venido para comenzar a conocer la Sierra Sur de Jaén, porque en julio va a actuar en un taller del festival Etnosur. Chipe entra por los ojos, y al conversar se ve que es una buena persona, su cara lo delata y a pesar de todo, este artista mexicano está comprometido con el tiempo actual. Cuenta que contactó con los responsables de Etnosur a través de Jesús Pozo, presidente de la Fundación Inquietarte, “sé que Etnosur tiene veinte ediciones de vida, estuve viendo su página web, sobre todo me interesaba ver los talleres de arte que ofrecían a los visitantes y como llevo varios años practicando un taller de collage, propuse que podía funcionar en el festival”. Juan Pablo conectó con Miguel Navarro que le explicó la forma de trabajar y previamente presentó un proyecto, con su forma y objetivos, el mismo fue aprobado y aceptado. Juan Pablo Chipe impartirá tres talleres de collage y según define Chipe es una técnica artística de las artes plásticas que consiste en ensamblar distintos elementos, todos unidos entre sí, forman una pieza. En los talleres se trabajará sobre papel, revistas viejas, periódicos y el soporte cartulinas blancas. Va dirigido al público en general y abierto a todas las edades. La temática de los talleres que impartirá Juan Pablo Chipe será la fortaleza de la Mota y el olivo. Chipe está formado en artes visuales en la universidad de Tijuana en México, estuvo en Los Ángeles realizando talleres de especialización de pintura y reciclaje. En el año 2005 se estableció en Madrid, abriendo un estudio y centro de trabajo y ha realizado residencias artísticas en Utrecht, Italia, Berlín, Málaga. Cuenta que la primera vez que vino a España fue en 1999 y recuerda que aún dominaba la peseta, después volvió en el 2005, viviendo de lleno la crisis y la he notado en el trabajo y en la gente, no me ha tocado la buena época, le tocó vivir esta etapa. Comenta que hizo una diplomatura de diseño gráfico y ha trabajado en numerosas revistas, cuenta que no le ha faltado trabajo. Aún no conoce la comarca, pero pasará dos semanas aquí para conocer esta parte. Ahora está trabajando en una serie de ilustraciones tamaño postal sobre el olivo, con lápices acuarelables, con una serie de veinte.

jueves, 16 de marzo de 2017

EL NACIMIENTO, EL BARRIO DEL AGUA Y DEL SOL

Desde la calle Cuevas subir al barrio del Nacimiento se convierte en una cuesta cada vez más pendiente que alcanza su punto culminante en la llamada Cuesta de Cazaleno, pero para llegar a nuestro destino todavía hay que subir los últimos tramos de la calle Huertos que nos lleva a la Plaza del Rector Mudarra, una coqueta plazoleta que daba cobijo a la única farmacia que había en el pueblo y que después se trasladó a la calle Santa Lucía, frente al colegio público. Estaba regida por Inmaculada Campos que un buen día llegó de Valdepeñas de Jaén y arraigó su humanidad y enseñanzas en este pueblo, asesorando con sus conocimientos de baile y teatro y siendo el germen de una semilla cultural que perdura a través de los años. El Nacimiento recibe su nombre debido a que desde tiempo inmemorial se encuentra allí el manantial del mismo nombre que abastece a Frailes de agua potable, con pequeños intervalos como en 1993 en que se agotó y el pueblo hubo de abastecerse de los pozos del Chaparral. Pero el manantial sigue siendo el talismán de este pueblo con un rico caudal de agua que en sus mejores tiempos llegó a fluir, por su propio pie, más de ochenta litros por segundo y a pesar de las temporadas de sequía sufridas, se resiste a quedarse seco y sus dos caños antes erectos y grandiosos, han sido manipulados por un extraño fluxómetro que solo deja derramar el líquido elemento cuando se le aprieta el botón de artefacto mecánico. A pesar del susto de 1993, sigue manando su agua clara y cristalina, fresca en verano y templada en invierno, ahora mucho más apreciada porque el agua de los pozos del Chaparral tiene un mal sabor y es un lujo seguir saboreando este liquido que conserva el sabor tradicional de toda la vida. Ahora la fuente del Nacimiento se ha transformado y se ha construido una plaza nueva y se le ha dado un aire de gran importancia a este lugar emblemático frailero.
A su lado, enfrente, está el antiguo lavadero con sus piedras desgastadas por su continuo frotar de ropas y jabón, este también se ha reformado, conservando el sabor de lo antiguo y encierra el sabor de la limpieza pueblerina. En este río de aguas cristalinas se lavaba todo, desde las sábanas blancas hasta las tripas grises de los cerdos que después albergarían los ricos chorizos, morcillas y salchichones. En su habitáculo había siempre un continuo deambular de mujeres que se disputaban sus escasas plazas de lavandería, en aquellos tiempos en que aún no se conocían las lavadoras. Las mujeres quitaban la suciedad a base de frotar la prenda con la piedra de lavar, e impregnada de jabón antiguo, hecho en las casas a base de jámila y sosa caustica, capaz de arrancar hasta la piel de las manos. El lavadero era un integral gineceo, donde las féminas imponían sus leyes, con una gran algarabía, hablaban y cantaban. En esta calle solo había una taberna, después convertida en tienda. Era la taberna de Josillo, que acogía una gran clientela de braceros y pequeños agricultores. Allí, a base de beber litros y medios litros de vino, se ahogaban las penas de la posguerra y el hambre disimulada de los sesenta, con sus aperitivos de garbanzos tostados, y Josillo apuntaba el fiao en un papel grande de estraza.
Las calles Cantillo y Calvario están situadas en la parte más alta del barrio y del pueblo, donde el sol alumbra desde las primeras horas de la mañana. Desde ellas se avista una gran panorámica de todo el municipio, con las casas encaladas y las tejas de varios colores. El barrio del Nacimiento es también el barrio del sol. Desde que este astro sale, encandila las casas con esos rayos que apuntan desde el cerro de Las Carboneras y envuelve a los pequeños callejones, altos y sinuosos, con una cálida temperatura, invitando a sus vecinos a salir a la calle y saludarse mutuamente. Las calles Roturas Altas, Bajas, Calvario y Castillejo aparecen escalonadas, como pegadas unas a otras. Son calles laberínticas, de casas de planta baja y un piso, casi todas con huerto y corral que sus dueños han transformado en cochera porque hace tiempo que los vecinos vendieron los asnos y los cambiaron por un automóvil moderno. Macetas y flores adornan sus fachadas y los geranios rojos saludan cada mañana al sol, haciéndose cómplices de sus confidencias, derramando calor y olores por estas cuestas empinadas que se extienden sin orden ni control a lo largo de estas calles estiradas. Este es el barrio del agua y del sol, y desde lo alto del monte Calvario contempla los ríos, los cipreses del cementerio y la torre del reloj del Ayuntamiento. Un barrio de hombres que se dedicaban a la agricultura y de amas de casa que cuidan sus calles diariamente, barriéndolas para que estén limpias.
En este barrio se encuentra el monte Calvario, donde está la ermita dedicada a la Virgen de las Angustias. Es una pequeña habitación adornada con imágenes y exvotos, donde los creyentes suelen ir para hacer promesas, por haber conseguido alguna cosa importante. Se llega a través de una pequeña vereda, llena de piedras y obstáculos naturales; algunas mujeres solían hacer el recorrido descalzas y hasta de rodillas. Allí, se instaló una estrella de Oriente que iluminaba a todo Frailes.

miércoles, 15 de marzo de 2017

EL BARRIO DE LOS PICACHOS DE FRAILES

Las antiguas calles terrizas del barrio de Los Picachos, que se llenaban de barro en aquellos antiguos inviernos con grandes temporales de lluvia y agua, se convirtieron como todas las calles de Frailes en modernos caminos de asfalto que se extienden inexorablemente con su color negro a lo largo y ancho del municipio. Los Picachos, uno de los barrios más antiguos de Frailes, se extienden en dirección norte desde la calle San Antonio hasta la Presilla y de este a oeste desde la calle Almoguer, otra de las más antiguas, hasta la calle Cruz. Todo un conglomerado de calles que disfrutaron su esplendor antes de la guerra civil y donde se asentaron un gran número de artesanos que con su gama de oficios hicieron un pequeño centro comercial, desbancado más tarde por la calle Cuevas y Tejar, cuando se trazó la carretera comarcal. La mayoría de sus casas compuestas de planta baja y un piso, tenían además un pequeño huerto y un corral como correspondía a un pueblo eminentemente agrícola. Gran parte de ellas fueron remodeladas y sus tejados de tejas rojas se suelen avistar desde cualquier altura de los alrededores, con sus fachadas antes blancas de yeso y cal y ahora impregnadas de cemento y arena.
Desde la calle Mesones hacia arriba y a través de la calle San Antonio es fácil llegar a este barrio, superando una empinada cuesta. Al final de la misma y en un recoveco sin salida tenía su sede la famosa escuela de Emilio. Enfrente estaba la tienda de tejidos de Antonio Tello, pequeño industrial, versado en el conocimiento de aquellas telas antiguas como la pana y la franela y otras de más baja calidad que despedían un fuerte olor a borra. Su tienda tenía un gran mostrador de madera, con incontables estanterías donde apilaba los tejidos, siendo las ventas casi siempre a crédito, pues los clientes sólo pagaban cuando venían de hacer la temporada de la aceituna o la vendimia y contaban con dinero. Al lado de la calle San Antonio, surge la calle Rosario, que cuenta en su lado derecho con la ermita de San Antonio, un pequeño habitáculo religioso donde se venera la imagen de este santo. Frente a la ermita se encontraba la tienda de tejidos y el telar de Amador; donde se fabricaban de manera artesanal mantas y cobertores de gran colorido y calidad, hechos con pura lana de oveja y con el desarrollo industrial de las fábricas de tejidos, que abarataron los precios pero no la calidad, pero el telar hubo de cerrar sus puertas y , vendido a la Diputación Provincial, reposa sus restos en el museo de Artesanía Provincial de Jaén.
En la esquina, entre la calle Rosario y la calle San Antonio, estaba la barbería de José Molina, un centro de reunión y tertulia de la época, con su sillón giratorio blanco presidiendo la habitación, alicatada con mosaicos de varios colores y apilándose en sus estanterías los frascos de masaje Floid con su característico escozor que ponía a punto las barbas más difíciles. Frente a la ermita de San Antonio se extiende la calle Nueva, una pequeña y estrecha vía, en cuyo número 5 estaba situada la zapatería de Teófilo, polifacético artesano que además de remendar zapatos, tocaba el clarinete en la orquesta Trébol y además era portero del Cinema España. En medio de la calle Cruz estaba la taberna de la Mariquilla, donde se expendía el vino del terreno en botellas de medio y un litro, el aperitivo lo llevaban los clientes liado en un papel de estraza y consistía en una raspa de bacalao o en alguna tajada de chorizo o morcilla, robada en un descuido a la mujer.
En la calle San José se encontraba la carpintería de Pepillo Merino, un hombre que hizo con sus manos la mayor parte de las puertas y ventanas del municipio. También se encontraba en en esta misma calle la herrería de los Alameda, donde había una fragua en la que trabajaban varios hermanos y dándole a una manivela se veía como el hierro se transformaba en un ascua candente que era modelado a golpes de martillo. Los Picacheros, apelativo con el que se nombra a los nativos de este barrio, eran peleones y aguerridos y no rehuían la lucha, siempre estaban dispuestos a iniciar una guerrilla de piedras con otros barrios, de los que salían muchos jóvenes apedreados y con heridas en la frente. Eran tiempos donde el orgullo del barrio se dirimía en estos frentes y casi todos los mozalbetes estaban siempre heridos de la lucha con las piedras. Los Picachos fue el barrio más poblado de Frailes, pero fue perdiendo el número de artesanos que vivían en él, en parte porque los hijos no siguieron la labor de los padres y emigraron a mejores o peores tierras y también porque los artesanos fueron dejando su trabajo.

martes, 14 de marzo de 2017

EL BARRIO DE LA IGLESIA DE FRAILES

Con el nombre de barrio de la Iglesia se agrupan un conjunto de calles que nacieron al amparo de la parroquia de Santa Lucía y a lo largo del tiempo han continuado unidas, formando un conjunto arquitectónico igualitario y con peculiares características respecto a los demás barrios de la población. Aunque no existe una denominación oficial, toda la población lo llama de este modo, constituyendo desde el siglo XVIII el centro político y religioso de la villa, debido a que en el mismo siempre han estado ubicadas las sedes de la parroquia la Casa Consistorial. Entre sus principales calles destaca la plaza de Miguel de Cervantes, que hasta que llegaron los socialistas al poder se llamaba Plaza de José Antonio, es un pequeño círculo, alrededor del cual se sitúan diferentes casas, algunas de las cuales tienen mucha historia, como la Casa de los Amandos, que fue construida por el deán Mudarra y proyectada a principios del siglo XIX para que veranearan los infantes de España. Hasta 1982 estuvo allí el edificio del Ayuntamiento, donde ahora está la Casa de la Cultura y comprendía las dependencias municipales, el Juzgado de Paz y la cárcel.
En esta plaza y sus aledaños, puerta de la iglesia y calle Rafael Abril, se instalaba hasta 1981 la feria en honor a San Miguel. En una de las casas de la placeta se colocó la central telefónica, cuando estos aparatos eran manuales y funcionaban con manivela. Era un artefacto rectangular, con muchos enchufes y a través de ellos se comunicaban los distintos teléfonos, gracias a la paciencia de la telefonista doña Ángeles.
Debajo de la Telefónica frailera había un pequeño casino que estaba regentado por Adela. Era un bar muy pintoresco, cuyos clientes principales eran los funcionarios municipales, junto con los vecinos del barrio, y los sábados y domingos, al celebrarse la misa obligatoria, era visitado por un gran número de personas que al aburrirse en misa, abandonaban la iglesia y se tomaban un vermourth con sifón en casa de Adela. Justo al terminar la pequeña plaza de la iglesia, comienza la calle Rafael Abril, en honor de un diputado conservador alcalaíno, en su número uno se conserva la llamada ‘Casa de don Fermín’, un pequeño médico que tuvo mucho poder e influencias en su época. En esta pequeña y estrecha calle también se encontraba en aquellos tiempos la farmacia, siendo trasladada después a la Plaza del Rector Mudarra y más tarde a la calle Santa Lucía.
Otra calle de este barrio es la llamada Parrizas, que junto con la Sin salida, llamada así porque hay que volver atrás para salir de ella, van formando el entramado de este barrio, había casas de yeso y piedra de dos pisos que constaban de salita, cocina y en el piso de arriba las cámaras y los dormitorios. Allí, se instalaron un grupo de ecuatorianos que se buscaron la vida y trabajaron en la construcción y más tarde alguna familia rumana. Al lado de la calle Parrizas se encuentra la Santo Rostro, conocida popularmente como Plaza de los Toros, dicen que por celebrarse allí las corridas a finales del siglo XIX. Es una vía con buenas vistas a la carretera y al monte Cepero, siendo un punto estratégico para controlar a los coches que entran y salen de la villa. Subiendo una empinada cuesta de esta misma calle, se estrecha y va deslizándose entre dos paredes, enlazando con la calle Huertas, en la misma antes no había casas, pero el boom inmobiliario ha hecho que ahora sea una de las principales por sus nuevas edificaciones. Con este itinerario es como si hubiéramos dados una vuelta completa a todo el barrio y otra vez nos encontramos en la puerta de la iglesia. Desde allí, y dirigiéndonos hacía la izquierda, comienza la calle Santa Lucía, en honor a la patrona de Frailes. Esta ha alcanzado su apogeo en los últimos años. Anteriormente era conocida como el paraje de las huertas de Merceditas, porque había una gran cantidad de ellas, desde la iglesia hasta la plaza del Rector Mudarra había una gran cantidad de nogueras que junto a los cerezos, perales y manzanos daban un aspecto paradisíaco en primera. La única casa que había construida hasta los años 1960 era la de don Antonio Alba, con una gran noguera en el patio y un gran huerto donde se cultivaban verduras y hortalizas. Ahora la calle Santa Lucia es una de las más importantes, donde se ha instalado el Ayuntamiento, el colegio público Santa Lucía, el consultorio médico, el pabellón polideportivo, el bar el Charro y la modernidad frailera. Además, todos los viernes se celebra el mercadillo y la gente acude a visitarlo.