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lunes, 3 de junio de 2019

AHORA, EL CAMBIO

Ahora Alcalá la Real ha salido dividida de las elecciones locales que se celebraron el pasado 26 de mayo. A primera vista nadie dice nada de este asunto que concierne a todos los vecinos. Pero de la mayoria absoluta se ha pasado a un sistema de pactos que deberá desembocar en un convenio entre partidos. Todas las posturas son legales y lícitas y todas las opciones se pueden dar porque en eso se basa la Democracia. Se podrá formar un gobierno del PSOE con Ciudadanos, o quizás del PP con Ciudadanos y aquí está la paradoja que dos ediles de Ciudadanos son los que determinarán la solución de gobernar Alcalá durante los próximos cuatro años y ahí está la otra paradoja, y es que el pueblo alcalaíno tomará nota de lo que ocurra y lo juzgará en las próximas elecciones.
Pero a pesar de todo esto, ha habido un gran cambio, y es que el electorado ha dicho no a las mayorías absolutas de las que ha gozado el PSOE durante 40 años e invita a todos los partidos a que dialoguen entre ellos y traten de dar solución a los problemas de Alcalá la Real, porque puede que a la mayoría le haya ido bien en estos cuarenta años, pero parece que ya no hay consenso total, sino que hay gente a la que le ha ido mal con este gobierno y es lógico que trate de encontrar la fórmula adecuada para sentirse protegida y todo esto hace al pueblo alcalaíno ejercer la democracia. Los vecinos tomaron su decisión el pasado 26 de mayo votando en las urnas, los resultados han sido los que son, la solución la va a tomar un partido con dos concejales, y no se equivocará porque todo está escrito y está dentro de la ley. Ahora, seguimos en un compás de espera, puede que se alargue durante varios dias, en ellos unos especularán, otros dirán que la espera se les está haciendo larga, pero al final habrá una decisión. En fin, el gobierno y el alcalde que surja tras los pactos, deberá ser el alcalde y el gobierno de todos los alcalaínos, si no es así, vendrán otras elecciones, se celebrarán y el pueblo soberano votará lo más conveniente. Ahora, al menos habrá un cambio porque parece que se ha agotado el tiempo de la mayoría absoluta y habrá otra forma de gobernar a Alcalá la Real.

lunes, 27 de mayo de 2019

LA NO VICTORIA

Alcalá se ha partido en dos con las elecciones municipales de 2019, por una parte los socialistas y por otra los populares y ahora, Ciudadanos, con dos concejales, decidirá a quién arrimarse, es decir que pasamos de una mayoría absoluta, durante 40 años, a una fase en que el voto de dos ediles decidirá el futuro del municipio durante los próximos cuatro años. Ahora, todos le hacen la ola a Ciudadanos y buscan a Ángel Montoro para reunirse con él y éste dice que los órganos de su partido deberán ser escuchados. Aquí, no ha ganado nadie y la no victoria es dudosa y hace especular a mucha gente. Esta situación política actual no se ha construido ahora, es fruto de varios años, hay que remontarse a las primarias del PSOE, donde el enfrentamiento de Carlos Hinojosa con Juan Ángel Pérez Arjona dio sus frutos con la retirada a los cuarteles de invierno de algunos socialistas y la situación se cerró con muchas grietas en el partido hegemónico. Igualmente, la actuación del equipo socialista en estos cuatro años ha generado una división en la misma plantilla del Ayuntamiento, con trabajadores y empleados que se han sentido agraviados del trato recibido por los dirigentes socialistas. La no victoria no tiene ganadores y nadie la puede celebrar porque nadie ha ganado, habrá que esperar unos días para ver lo que sucede, habrá que hilar muy fino para dialogar y convencer a la formación Ciudadanos hacía donde se dirige. El electorado ha decidido esta situación con su voto, le ha dicho al PSOE sí pero no; le ha dicho al PP no, pero sí; y ahora, la no victoria le ha dicho a Ciudadanos que tome una decisión. La decisión de Ciudadanos no va a solucionar el futuro de Alcalá, tire por donde tire, habrá una división, porque es difícil gobernar para todos los alcalaínos porque cada uno tiene su propio criterio y cada uno se mira su ombligo y ahora para colmo ha desaparecido, como por arte de magia la izquierda de IU, por tanto ha triunfado la división; la solución alcalaína pasa por recomponer este puzle. Veremos a ver si el mago Marino Aguilera es capaz de ilusionar a los dirigentes de Ciudadanos.

sábado, 18 de mayo de 2019

ANTONIO CANO, SEDUCIDO POR LA NARRATIVA


Antonio Cano (Frailes, 1958) pasea su silueta por la Avenida de Europa en Alcalá la Real y se dirige cada día a su despacho de la Oficina Técnica del Ayuntamiento alcalaíno, experto en temas urbanísticos y técnicos, estudió Derecho y desde una edad temprana comenzó a interesarse por la escritura.
Comenta que «empecé a escribir, creo como casi todos, en el Instituto con las redacciones y un concurso que había de Cocacola, redactaba mucho y me acuerdo que me seleccionaron junto con otros dos alumnos más; fuimos a Granada, recuerdo que nos llevaron en taxi y luego no ganamos, pero fue la primera participación en el mundo de la escritura y luego pues los que hicimos letras, tenemos que escribir, también de 1977 a 1982 fui corresponsal del diario provincial y escribía crónicas políticas, económicas y sociales y era una forma de empezar, después tuve un paréntesis con los estudios y comencé a escribir libros de Derecho en el año 1995 que es otro tipo de escritura, es científica, técnica, de investigación, dedicada a libros de consulta para profesionales del Derecho y sigo escribiendo libros de este tipo. El año pasado publiqué dos libros y de este tipo de obras he escrito 132; por otro lado está la otra escritura, la de ficción que desde mi punto de vista es mucho más difícil que la otra, pues una novela, aunque te puedes documentar, al final todo lo tienes en la cabeza, tanto lo que has escrito como lo que no has escrito y esa fase, en la que ahora me encuentro, me está siendo bastante gratificante pero muy laboriosa».
A este hombre,que abandonó su Frailes natal con apenas 8 años y se instaló en la ciudad de la Mota, manifiesta que «el primer libro de Derecho que escribí fue ‘Régimen jurídico de las licencias de primera ocupación’ y el primer libro de ficción lo publiqué en Amazon hace año y medio y se llama ‘Papá Erasmus’ que es una novela corta que la ideé para leerla en dos horas, tiene 90 páginas. El libro que primero empecé a escribir fue ‘El pergamino de Trento’ pero lo he tenido algunos años parado y lo volví a retomar y eso es un latazo porque tienes que leértelo y cuando la has leído y tienes que seguir, dices: ¿ahora por dónde sigo? Y es bastante complicado».
Cano prosigue, añadiendo que «me decidí a escribir novela un poco para buscar un contrapunto a lo que estaba haciendo, a romper la rutina. Cuando escribo y estoy delante del ordenador, muchas veces, no sabes lo que voy a escribir, ni el personaje que voy a crear, ni la trama que vas a llevar, entonces cuando inicio una novela, voy viendo como surgen personajes y me produce una satisfacción porque pienso que estoy creando algo y lo comparo con pintar un cuadro y en la cabeza tengo muchas cosas, puedo empezar por un esbozo y tomo muchas notas y cuando voy andando o en cualquier otra situación voy pensando en los personajes y la trama de la novela, es como una obsesión y voy encontrando una serie de caminos que sigo pero que a veces no me gustan y rompo lo que he escrito, pero cuando doy con la tecla, siento una satisfacción porque como lo más importante es la creación de personajes, llega un momento en que me familiarizo con ellos. No me gusta crear personajes agresivos ni un ensañamiento y creo que para leer con que te diviertas un poco y llegues a leerlo y se te haga corto, es un buen síntoma».
Antonio Cano presentó, por primera vez, un libro en Alcalá la Real y batió todos los records, llenando el Aula Magna del Convento de Capuchinos, y sobre ello contestó que «ahora mismo tengo 4 libros en marcha, uno más avanzado y el último que he presentado ‘El pergamino de Trento’ es una novela histórica que tiene dos partes y cuestiona la elección del primer Papa del siglo XXI, eso es lo que pone en entredicho esta narración y en el concilio de Trento se adoptaron una serie de acuerdos de la Iglesia que se tenían que hacer realidad 400 años después y al final la sucesión a la Silla de Pedro no contaba con la existencia del acta de la última sesión del concilio de Trento. Su descubrimiento tendrá consecuencias imprevisibles para la Curia Romana. En la presentación de este libro me quedé bastante sorprendido porque podía ser un éxito o un fracaso y nunca lo había hecho, era mi primera vez y tenía mi cosilla porque es un gran esfuerzo hacer un libro y que no haya nadie y sentí cierta incertidumbre por no saber lo que iba a pasar, pero la verdad la gente me respondió, será porque trabajo en el Ayuntamiento y conozco mucha gente y me acompañaron y siempre es de agradecer y me sentí agradecido porque no esperaba que fuese tanta gente».
En cuanto a la rentabilidad de un libro, Antonio Cano contó que «la económica hay que desecharla y es darte una satisfacción emocional y es una forma de dejar algo para tus descendientes y para la gente, es un testimonio que está ahí. Yo no escribiría una novela de la Alcalá actual y cada uno tiene su propia novela pero ese tipo de libro creo que no da juego, a mí me gusta la ficción histórica y las novelas que tengo ahora enjaretadas son 4 pero no tengo ningún método, solo tomo notas y escribo cuando ya estoy cansado del todo, de ocho a nueve de la noche es cuando me pongo a escribir».
La escritura ha liberado a Antonio Cano de la monotonía y cuando escribe, es como una especie de entrar en un mundo de diversión y nuevas historias.
Los libros de Derecho y de Administración Local que Antonio Cano comenzó a escribir en el año 1995, lo convirtieron en un experto en temas urbanísticos y es uno de los escritores que más vende de este tipo de obras. Según cuenta, de dos de ellos se han vendido más de 5.000 ejemplares de cada uno, lo que es un récord en este mundillo y es invitado en diversos foros par a opinar de diversos temas, como licencias o urbanismo local. Pero Cano está empeñado en ser un escritor de ficción y poco a poco lo va consiguiendo porque no para de crear nuevas novelas.

jueves, 16 de mayo de 2019

ESTAMPAS FRAILERAS


A veces me encuentro en algún lugar con vecinos de Frailes y es como si reconociera alguna cosa en sus caras. El otro día me enviaron esta foto que es una imagen auténtica de las gentes de este pueblo. El lugar es el bar ‘El Charro’ y allí aparecen sentados, en el mostrador, cinco habitantes de este municipio y todos, menos uno, miran el objetivo de la cámara. Allí está Miguel Moya, apodado Bragueta, que ‘devora’ una tostada que al parecer está muy rica. Miguel tiene una gran historia en su vida; lo recuerdo como panadero y sobre todo en su faceta de buhonero moderno, capaz de ir a cualquier parte a comprar habichuelas, garbanzos, perdices, conejos, nueces o pan de higo, para luego ofrecer todas estas cosas a sus clientes habituales. Miguel es un hombre que ha trabajado mucho y ahora, ya jubilado, aún sigue moviéndose porque no puede estar quieto.
A Antonio Cano lo conozco poco, si lo veía cuando llegaba al Ayuntamiento a arreglar algunos asuntos de su incumbencia, se asentó en Frailes y allí sigue viviendo pero ahora descansa después de una vida atareada.
A Jacinto lo conocí hace tiempo, porque se instaló cerca de mi domicilio de la calle Tejar, en la calle Carboneras y trabajaba con el tractor de la empresa Maderas Gallego, siempre que me ve me da la mano y nos preguntamos por la salud.
Carlos Amat llegó un día de Barcelona y se compró una casa en la calle Picachos, es una figura frailera que se ve andando por las calles y casi todos los días se une a Antonio el Practicante para tomar un café juntos.
Y Paco Valverde, o mejor Paco Martillo, uno de los pioneros en emigrar a Alemania y después fue camionero durante bastante tiempo, llevando productos de un lado a otro, lo recuerdo jugando al tute en el bar Nuevo, y ganándoles a muchos la cerveza que se jugaban.
Estos hombres son representantes de Frailes y llevan dentro su esencia.

viernes, 10 de mayo de 2019

LA FRAILESTUD ES FRAILES

Yo llevo la sangre de mi madre, María la Betuna, encima, sus formas, sus genes, sus ganas de agarrarse a la vida. No he podido despegarme de ella, la sigo pensando todos los días, a todas horas, la veo en cada instante, subiendo por la cuesta de la calle Corral, con dos cajas vacías del pescado, para hacer fuego con ellas y avivar la lumbre antes de acostarse.
Yo llevo sus huellas para siempre, me transformé en una parte de ella. La sigo viendo en la calle Tejar; mamé de sus pechos la Frailestud y desde entonces la llevo en mí ser. Se me aparece en mis sueños, habla conmigo, me dice cosas, seguimos yendo a por grandes sacos de hierba para que coman los conejos en el corral, para criar aquellos roedores enormes para cocinarlos con arroz, ella que no cocinaba que solo trabajaba, que solo pensaba en sus clientes, los adoraba, les ponía lo mejor que tenía, para ganar una peseta de aquellas rubias y tenía varias macetas llenas de pesetas, de reales y de perrillas y gordas. Los niños entraban a la tienda y se llevaban puñados de monedas para comprar naranjas o jugar al futbolín, aquella tienda que tenía una gran panocha de plátanos, atada con una cuerda al techo y tenía que dar saltos para poder coger un plátano.
Aquel era el Frailes de la posguerra, de la subsistencia, el de los Mantenidos aquellos niños que se iban a un cortijo a guardar cabras u ovejas y pasaban los meses sin volver a sus casas, entonces no había casi de nada, mucha miseria y bastante mala leche. El Frailes del Cinema España, del Salón de Manolín, del papel de estraza, de la escuela de Emilio, de la leche del cura, de la misa obligatoria, de los fantasmas, el de la Avenida del Generalísimo y la plaza de José Antonio. El Frailes de la feria de septiembre, de la rebusca y de las Igualas. El de las bodas de dulces y garbanzos tostados, el de los bebedores de aguardiente, el de Cangrena y Rafalillo Juanaco. El Frailes de la caza furtiva y el trampeo. El Frailes de la Cueva y de la taberna de la Mariquilla; el de los partidos de fútbol en las Eras del Mecedero, el de Manolo el de los Tostados, el de Chipilín, el de Fiscalillo y Patarito. Un Frailes de inviernos duros y riadas de aguas marrones, con temporales de un mes, con goteras y fríos silenciosos, con hombres desamparados en las barandas mirando el agua del río como pasaba; hombres buscando nueces y mujeres bordando velos; el Frailes de las fiestas de San Pedro, de la orquesta Trébol, de Tiburcio y don Fermín, de Calahorra y Dondín.



El Frailes de las mujeres modistas, de los cántaros del agua, de las gaseosas de Pepillo o de la carnicería de Cazaleno; un Frailes oculto, verdadero, de calzones de pana, de mantas de borra, colchones de farfolla, algunos de lana. Un Frailes de catres viejos, de cuadras de mulos y burros, de botica y rosarios, de queso del cura, un Frailes en tenguerengues, de lutos negros, estrictos y regulados, con calles barridas por mujeres, con acequias de agua por cualquier lugar, donde algunas noches la luna se reflejaba. Un Frailes construido a yeso y teja vana, con albañiles por parejas y mucha cal. El Frailes de mi infancia y de mi juventud, con atisbos de esperanza que me hacían soñar; el Frailes del Barrihondillo y de la Cuestecilla, el del Cerrillo y el barrio de la Iglesia, un Frailes muerto y vivo que fue resucitado con la fuerza de todos los fraileros que estaban y llegaban. Había un hombre que vendía pan de higo, compraba nueces y almendras, perdices y conejos, zorzales y setas; otro vendía helados de varios pisos con galletas a uno y otro lado; otro sacaba arena del río y con un burro y un serón la transportaba a las calles para remendar casas. Había varios que hacían puertas y ventanas, colocaban cristales y elaboraban muebles de madera; otro hacía pan con sus propias manos y las piezas las colocaba en un horno de leña y olían como si fuesen rosas en primavera. Había un hombre que arreglaba sombrillas, otro que aprendió la fotografía y hacía fotos de noche y de día. No sé cuántos iban al campo, otros tantos a la vendimia, muchos a la fresa y a unos pocos les tocó la lotería. Cuando era niño subía al Cepero y había viñas con uvas blancas y negras, desde allí contemplaba el paisaje y llegaba a lo más alto, una mujer que le decían la Zapatera tenía una finca, con una era llena de piedras e hierbas verdes, después se fue a Barcelona y volvía de vez en cuando. Después, se formó un Frailes nuevo, entre el barrio de la Iglesia y el Nacimiento, con calles nuevas como la Avenida de la Constitución, donde antes había una serie de huertas, con grandes cerezos.

¿ A QUIÉN VOY A DAR MI VOTO?

Es la hora de los vecinos, la hora para elegir a las personas que han de gobernar los designios de estos pueblos durante los próximos cuatro años. No voy a votar a personas que me engañan, ni voy a depositar mi voto para personas que odian a otras personas. No voy a votar a personas que dicen que ellas lo han hecho todo, que los demás no contamos para nada. Políticos locales que se sienten elegidos por un don especial y que piensan que sin ellos esto no funcionaría. No voy a votar a políticos que solo miran por los ‘suyos’, como si los demás no perteneciéramos a estas tierras. No me gustan los políticos que predican la solidaridad, la igualdad y la tolerancia y no la practican. Me inquieta que se hagan obras que no aportan nada o no sirven para nada. No quiero que me compren con pan y circo, quiero que haya oportunidades para todos y la subsistencia universal. No me gustan los políticos que dicen que traen las obras y las infraestructuras por su amistad o dependencia de otros políticos más influyentes, con poder en Jaén, Sevilla o Madrid. Ni me encantan los políticos que dicen que persiguen los fines sociales y se echan al bolsillo un sueldo cinco veces mayor que los sueldos medios de sus vecinos.
En esta comarca sigue habiendo mucho paro, nuestros hijos siguen sin trabajo, los ancianos y mayores no tienen residencias donde pasar sus últimos años, las comunicaciones dejan mucho que desear, proliferan las pagas de jubilación de miseria, subvencionan a los que ellos quieren, dicen que hay participación y transparencia y no la veo por ninguna parte. Hay personas de confianza y otras que no lo son. No confío en personas que dijeron que iban a edificar un balneario, después lo quieran convertir en una residencia y ahora no se sabe lo que saldrá de ahí. No creo en gente que dijo que iba a haber un parador nacional junto a la Mota y una autovía hasta Granada y aún no he visto nada de esas dos cosas y se echan la culpa unos a otros, sin ningún pudor. No quiero que cobre el desempleo agrario personas que tienen riqueza, ni que reciban subvenciones de la aceituna los camuflados ‘ricos’ de todos estos rincones. No me gusta que hombres duerman a la intemperie, ni que se gasten el dinero en pamplinas. Los partidos políticos no sacan el dinero de sus huchas particulares, lo sacan de los impuestos de todas las personas. No quiero una energía obsoleta, cara y caducada.
Me encanta el hospital de Alta Resolución, la rehabilitación de la Mota, la tirolina, los colegios públicos, el carril bici, la gente con sentido común.


lunes, 6 de mayo de 2019

FRAGMENTOS DE FRAILESTUD


Frailes es una entelequia especial, un pueblo único y normal, un conjunto de personas, de voluntades, de acciones, de calles y fuentes que manan agua sin pedir nada a cambio. Es un lugar, una iglesia, un cementerio, una viña, una piedra, una fachada, una finca, una cabra, un mulo, un burro, cinco cerezas, dos aceitunas, 1.700 y pico de habitantes y otros miles que se fueron muriendo y marchando. Frailes es una estrella, un libro, una flor; una Santa Lucía que mira por los ojos de sus vecinos que cada 13 de diciembre la sacan en procesión. Frailes es un pájaro, un puñado de olivos, una carretera que sube hasta la Martina, una caja de ahorros, un gimnasio, una casa de la cultura, una Casa Consistorial, un colegio, cinco restaurantes y otros tantos bares, un cura y un sacristán, una familia gitana, una fábrica de embutidos, una fábrica de queso, una industria de la madera, varios puentes, un par de arroyos que van a un río que se llama Velillos, tres talleres mecánicos, una carpintería, otros tres talleres donde hacen puertas y ventanas de hierro, una granja de perdices, un par de granjas de gallinas ponedoras, una docena de cortijos y diseminados que se quedaron solos y con poca gente, un puñado de casas grandes, medianas y pequeñas, un gran número de parados que no paran, un buen número de inmigrantes: rumanos, ecuatorianos, colombianos, un grupo de ingleses y algún extranjero más que se quedó a vivir por aquí; es una banda de música, cuatro cabreros, un grupo de hombres y mujeres que hace Pasos de Semana Santa.
Frailes es un manantial, un conjunto de cerros y montes, un Guadalinfo, dos o tres pequeños supermercados, dos o tres peluquerías, una cooperativa de aceite, una ermita en el Calvario, otra para San Pedro, y una más para San Antonio; en Frailes hubo un ladrón de recuerdos, un hombre que hacía aceite de lujo, otro que arreglaba paraguas, una mujer que arreglaba huesos, varias que cosían y hacían vestidos, hubo un hombre que fue arrastrado por la corriente del río y nunca más se supo de él, o quizás alguien lo tiró al río y tampoco se supo de él. Había un hombre que hacía tejeringos al amanecer, varios que hacían obras por las mañanas y las tardes. Había mujeres costureras, bordadoras, otras que hacían bolillos y alguna hacía lo que quería, bueno, no tanto. Hubo una bruja pero no tenía escoba para viajar por el cielo, una orquesta de música que se llamaba Trébol y Teófilo tocaba el clarinete, era zapatero y portero en el Cinema España. Había un Tío de la luz, ahora hay cuatro, cinco o seis; hubo dos posadas y ahora hay diversas casas rurales, con piscina y comodidades para que disfruten los visitantes que llegan a esta villa. Las tiendas se convirtieron en pequeños supermercados pero en ambos había casi de todo, pero no todo. Había un hombre que vendía garbanzos tostados por las calles y tenía una medida, cambiaba garbanzos crudos por garbanzos tostados, pero la medida de los segundos era más pequeña, ahí residía su ganancia. Había dos tiendas de telas pero no había mucha gente que se hiciera un traje, solo pantalones y chaquetas de un tejido que olía mal y con el tiempo se deterioraba y había que colocarle algún remiendo para seguir usando la prenda.