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lunes, 23 de mayo de 2016

EL SABOR AGRIDULCE QUE INSPIRA EL LLANILLO

El Llanillo es la calle que despierta más sentimientos a los vecinos alcalaínos. Una vía que no deja indiferente a nadie cuando pasea o anda por ella.
En estos días que se ha hablado del casco antiguo, conviene sacar a la luz algunos aspectos que dan brillo a este lugar, en el que se asientan 60 comercios de todo tipo, algunos han cerrado sus puertas, pero sigue intacta la identidad de este sitio que aún tiene mucho que decir.
Paseando por una u otra acera, las mismas han sido remodeladas con dinero del Urban, aunque no se ha conseguido dar el toque especial para que El Llanillo vuelva a ser lo que fue. Desde el Pilar de los Álamos, y en su parte derecha encontramos  una entidad bancaria, el Palacio Abacial, el Conservatorio de Música, un convento de monjas, algunas tiendas que han cerrado hace tiempo, sobre todo porque se han jubilado sus dueños; tiendas de ópticas, carnicería, chucherías, bolsos, joyería y  hasta un estanco.
En la otra acera, se alinean una tienda de cosmética, otra de aparatos de telefónia, lotería, electricidad, bancos, farmacias, panaderías, bares, venta de muebles, y también algunos establecimientos cerrados.
La arquitectura del Llanillo es amplia, muchas de sus edificaciones pertenecen a principios del siglo XX, son viviendas que alzaron la pujante burguesía alcalaína, parecen palacetes con adornos, pero su deterioro va siendo constante, sus fachadas muestran signos evidentes del paso del tiempo y dan una impresión pobre y se ve que no han sido cuidadas sino que sus dueños han ido dejando que pase el tiempo.
No obstante, los comerciantes, los banqueros y los emprendedores aún siguen en El Llanillo, porque el público sigue yendo a este lugar, por la mañana, por la tarde y un poco menos por la noche.
El Llanillo necesita un empujón tanto oficial como de los propietarios de los diversos inmuebles, porque sigue teniendo una riqueza visual, estética y tracicional que hace del mismo un lugar especial donde Alcalá la Real tiene un estandarte de su historia antigua y nueva.
Pasear por El Llanillo es sentir la Alcalá antigua y nueva, fronteriza y abacial, tolerante y emprendedora, es un termómetro de la actualidad que hay que cuidar para un nuevo futuro. 

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