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miércoles, 20 de julio de 2016

SER DE FRAILES. CAPITULO VEINTICUATRO




Lo de la caza ha estado muy arraigado en Frailes y ha habido y hay muchos cazadores que han ido evolucionando a lo largo de los años. Yo recuerdo que, desde que tengo uso de razón, he visto cazadores por aquí. Nos crecieron los dientes a los niños de aquella época apedreando nidos o haciendo uso de aquellos tiradores, hechos con unas gomas, una pequeña horquilla de olivo y una badana. Cada uno llevábamos el tirador metido en el bolsillo y. cuando veíamos un pájaro, lo sacábamos, apuntábamos y ¡hala!. Algunos atinaban a darle al pájaro, pero la mayoría no. También nos apostábamos en la baranda que hay frente al bar la Cueva y, desde allí, en plan franco tirador, le tirábamos a los palomos que había en el tajo, matando casi siempre a alguno de cada disparo. 

Y lo llevaban a su casa, su madre lo arreglaba y se lo comían. Estoy seguro que la caza en aquella época, como casi todo, era una cuestión de supervivencia. Había auténticos cazadores de zorzales y pájaros más pequeños que se dedicaban la temporada de invierno a ello, como Pepe el de la Pajarica, que llenaba de trampas o costillas los campos fraileros, colocaba estos pequeños cepos hechos por el mismo con alambres de diverso tamaño junto a los olivos, haciendo una especie de círculo con la mano y escondiendo la trampa con tierra por todos lados. En un pequeño alambre colocaba una hormiga o un gusano que era el cebo para que el pájaro picara, una vez repartidas las trampas en las fincas seleccionadas, Pepe iba casi todos los días a revisarlas, recogía los zorzales que habían caído, les colocaba una nueva hormiga y así una y otra vez. Casi todos los días juntaba cientos de pájaros que vendía en la tienda de mi madre o en otros bares, e incluso a personas interesadas como Miguel Moya. Con aquél tipo de caza se ganaba un buen dinero y, por eso, había mucha gente que se dedicaba a ello, como los Ríos, mi tío el Curica, los Martillos. Casi en todas las casas había alguien que ponía trampas y se sacaba unos dinerillos. También había muchos cazadores con escopeta que mataban perdices y conejos en los campos fraileros, especies que eran muy abundantes y se veían en el campo a cada instante. Los cazadores venían cargados de  perdices y conejos, se los colocaban en el cinto o en los hombros para que la gente viera lo que habían cazado. Más tarde la caza se fue más o menos organizando. Se creó una sociedad de cazadores y un coto local para regular los días que se podía cazar y combatir a los furtivos, abundantes en Frailes. 

Conforme los fraileros iban progresando, la caza también. De la caza de subsistencia se pasó a la caza deportiva y para el ocio. Pero los que han tenido tierras siempre han podido organizar sus cotos privados, como Ezequiel Mudarra o Liborio Pareja, que tenía su propio guarda particular en el coto. Asimismom se unían algunos aficionados a la caza y fundaban su propio coto y lo regulaban. La caza con el pájaro de perdiz ha sido también importante en Frailes y, cada año en su época, hay mucha gente que la sigue, pero cada vez menos.
El gusanillo de la caza sigue vivo en Frailes, pues aún hay muchos aficionados que se desviven por hacerlo. Compran y cuidan sus escopetas, tienen sus perros adecuados, pagan su cuota del coto o tienen varios pájaros de perdiz para el reclamo, aunque también es cierto que cada vez hay menos animales para cazar, porque quizás no se ha mirado lo suficiente por el medio ambiente. Sea como fuere la gente frailera siempre ha cazado, pues era un medio para subsistir, ya que con un conejo, con una liebre o una perdiz, se tenia algo que llevar a la mesa. Con una docena de zorzales, por ejemplo, se podía resolver el problema de la comida de una familia. Quiero insistir en que, como en todos los aspectos, los fraileros han ido progresando y adaptándose a los nuevos tiempos.
Ahora Luis Raya ha montado una empresa, una granja de perdices que cuida junto al cortijo del Molino León, y vende miles de perdices, o faisanes a todo el que le quiera comprar, organizando también jornadas de caza para todo el que se las puede costear. Así, en un coto que tiene alquilado junto al cortijo del Espinar, realiza este tipo de caza, reúne a un grupo de gente, lo lleva a dicho coto, coloca a los cazadores en sus lugares respectivos y les lanza perdices o faisanes para que los cazadores puedan matarlos, después recogen las piezas y se las distribuyen entre ellos. Finalmente, les sirve una comida y todos comen en hermandad. Por unos 100 euros por ‘barba’, los aficionados a la caza pueden quitarse el gusanillo y pasar una jornada haciendo lo que les gusta. Por supuesto que es una caza descafeinada que dista mucho de ser lo que es un día de caza, pero puede servir para ello. Y es que, en realidad, las perdices, conejos y zorzales han ido disminuyendo en los campos fraileros, quizás porque no se han cuidado lo suficiente estas especies y, aunque se han introducido otras nuevas, como el jabalí o la caza mayor, tal vez el aficionado trate de satisfacer su instinto  y sea capaz de desplazarse a un coto de la Mancha y pegar allí cuatro tiros a las perdices.

Los fraileros siguen estas costumbres ancestrales, pero la caza, como todo ha ido cambiando. Antes, como ya se ha dicho, tenía una razón de ser y era que la gente salía al campo y buscaba la forma de encontrar un animal para comérselo, colocaba trampas, cepos y llevaba en el serón del burro o del mulo una escopeta para lo que pudiera surgir. Era como juntar una pañeta de leña para calentarse, algo primitivo y vital para su subsistencia. Los cazadores, como todos, han ido aprendiendo, saben que para que siga habiendo animales hay que cuidar el medio ambiente, pero ya no es lo mismo que antes. Aquellas bandas de perdices que se podían ver en los campos de la Martina, del Chaparral, o del Cepero, aquéllas, como las oscuras golondrinas de Bécquer ya no volverán. De la misma manera, los conejos o liebres que se veían por cualquier lugar han ido desapareciendo y los nostálgicos se han inventado otras perdices y conejos que son de granja, o sea, copias o sucedáneos, algo que no es auténtico.

Pasa como con la vida misma, que estamos instalados en el progreso, en el Internet, no nos vemos de tú a tú, sino que hablamos por aparatos, jugamos con humo, nos saludamos por el Facebook y no es que sea mejor o peor, son nuevos tiempos, tiempos nuevos que hay que vivir. Pero cazar una liebre, o un conejo o una perdiz que va volando, no se puede hacer por Internet. Eso no es auténtico, es algo copiado, sin alma, sin esencia. Pero ahí seguimos, tratando de ser cazadores, de ser fraileros, adaptándonos a estos nuevos tiempos, porque todo se ha ido socializando. Hasta se llegó a tener el agua para todos en cada casa, a disfrutar de un servicio de basura, a poder asistir a un consultorio médico, con un galeno y un enfermero … Quiero decir que se han ido conquistando cosas y bienes y eso es importante porque, además de que lo que hay en Frailes debe ser de los fraileros, la Democracia y el gobierno  del pueblo han ido imponiéndose, porque es lo más lógico y sirve para todos.

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