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viernes, 11 de marzo de 2016

MEMORIA Y LOCURA


Salté de la cama con la memoria descolgada y traté de recomponer la esencia que me arrastra, aunque si yo creyera en la locura, volvería a tener esperanza y gritaría a los cuatro vientos que hay tanta ignorancia.
Hay mujeres que son feministas y otras que no lo son, han celebrado el Día Mundial de la Mujer Trabajadora pensando en la igualdad y la quieren conseguir a trozos, como si los problemas se pudiesen solucionar; tratan de dividir al mundo, y lo único que consiguen es una solución idiomática de género transversal que no tiene nada que ver con las reivindicaciones verdaderas. La salvación será para todos o no será, o quizás no tengamos que salvarnos porque no se dan las condiciones necesarias para el cambio. Señores y señoras, caballeros y ‘caballeras’, chicos y chicas, compañeros y compañeras, todo está por descubrir, pero solo tratando nuestros problemas en conjunto se podrá salir de esta espiral.
La desigualdad, la esperanza, la tragedia, la alegría son únicas, no se pueden tratar los problemas con la división de géneros, la humanidad se salvará o no se salvará, quizás no valga la pena salvarse y todo sea una entelequia que se acabará en el caos de la nada. No conviene ser fanáticos de ninguna ideología, al fin y al cabo todo se termina y lo mismo da ocupar un gran puesto en la administración con una paga de ‘mil pares de c…’ que ser un pobre diablo que se acuesta en unos cartones, arropado por una construcción de cualquier entidad bancaria, al cabo y a la postre son ellos los que mandan, don dinero, que ahora está al 0%.
Doña Leticia es igual que cualquier mortal que escribe a sus íntimos amigos, con una complicidad pasmosa y queda para comer cualquier día a las tres en punto de la tarde. Por eso, casi todos somos iguales o al menos la naturaleza nos nivela.
La culpa como siempre es del ‘chá, chá, chá’, pero hay unos que sufren más que otros y otros que disfrutan mucho más que ningunos, pero de que les sirve, el consumo es el dios del presente, si no consumes eres un insatisfecho, apestado que te conformas con llevar siempre los mismos zapatos, el mismo reloj y el jersey antiguo que compraste hace cien años.
Si yo creyera en la locura como dice Silvio Rodríguez, una luz cegadora me envolvería y la memoria me jugaría una mala pasada, pero hoy mi memoria está descolgada y tengo que apretar los dientes para acordarme de ti, de él y de todos aquellos que pasaron y pasan por mi vida.

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