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jueves, 14 de enero de 2016

CUANDO ME VUELVA LOCO


Cuando me vuelva loco, correré, sin parar, de Frailes a Alcalá y dejaré crecer mi barba a su antojo. Iré de aquí para allá, buscando no sé qué, como cuando estaba cuerdo. Llevaré a mi Nerea al Congreso si soy diputado, o le compraré libros bonitos para que los lea en silencio y después me los contará despacio. No pararé de escribir cosas sin sentido y todos me dirán que estoy loco.

Pasearé rápido por el Paseo de los Álamos, me tomaré un café cafeinado en el bar del parque, junto a Isidro, mientras me pone una tostada sin jamón. Dejaré el trabajo, los vestidos y mis zapatos nuevos colgados en una percha en el desván de mi casa y subiré a mi coche y por la noche visitaré lugares inesperados.

Cuando me vuelva loco, daré voces a Loli para que se acuerde de mí y le desaparezca la alergia, me iré de Frailes y no volveré hasta que despierten Manolo el Sereno y Michael Jacobs, compraré pan y magdalenas y me las iré comiendo poco a poco, también naranjas y manzanas, y brócoli y pescado y sorbos de vino rojo y templado.

Me iré a vivir a la Martina, o la Hoya del Salogral y me quedaré despierto todas las noches, escuchando a Areta Franklin, Silvio Rodríguez y a Rocío Jurado y Carlos Cano. Iré a Granada, a pasear con el Gafas y Ricardo, por la Gran Vía, el Sacromonte, la Alhambra y el Albaicín y las calles estrechas solo de noche.

Cuando me vuelva loco, nombraré a Melchor rey mago de Baza y le traerá muchos regalos a Carmencita y Paloma, a Hugo y a Laura y a todos los niños que les haga falta. Quizás, cuando me vuelva loco, nadie me quiera y tendré que ir a dormir a una cueva, o a una residencia de las hermanitas de los locos en Cabra o en Baena, como mi hermana Emilia y su compañera que viven atendidas hasta que se mueran.

Iré a ver a Pili y a María José para que me pongan los imanes, mientras cuido de sus perros o ellos me cuiden a mí, me llevará de viaje a la India y al Japón, a visitar a un lama de los que meditan y consumen poco, por eso están tan delgados y suben y bajan del cielo a la tierra o viceversa.

Cuando me vuelva loco no seré responsable de mis actos, me iré a dormir a la casa de la calle Oteros o con mi hermana Maripi que me haga un desayuno de zumo de naranja y tostadas con aceite. O quizás, viaje al Pirineo y visite a mi hermano Antonio que hace tiempo que no lo veo. Estaré con el Toni, Aína, Ana y Zóe y esquiaré en la Molina o en Andorra o en el lago de Puigcerdá.

O me rescatará Alicia de esta locura, me peinará despacio, me echará crema y colonia para que no huela a naranjas de la China o a pollo de la Avenida de Europa, me dirá la camisa que más me conviene, y bailaremos canciones mexicanas y pasodobles fraileros, en el salón del mundo pero con muchos espejos, para dirigir mis pasos con tino y tranquilidad.

Pero cuando me vuelva loco donaré todos mis bienes a los pobres y a los ricos, a los que menos necesiten, pero que se lo gasten en vino y en ricos manjares de los cinco continentes o de todo el universo.

Subiré en mi coche y correré a 100 ó a 200, cantando sin parar y dando carcajadas altas, invitaré a Lucía, a Carmen y a Abelardo, a Diego, a Javi, etc. a grandes copas de vino rojo y gualdo y las saborearemos como expertos catadores.

No sé cuando me volveré loco pero me imagino andando por el Llanillo, subiendo a la Mota, entrando en mi casa, volviendo a salir, sin hablar con nadie, sin entenderme con nadie, sin escribir en el periódico, con un ruido en la cabeza, o me quedaré en la cama calentito y haré gimnasia moviendo los brazos, el cuello y los pies, para estar en forma.

Quizás esté loco y no me haya dado cuenta todavía.

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