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martes, 4 de octubre de 2016

CAPITULO VEINTE Y SIETE SER DE FRAILES




La feria era un poco diferente. Recuerdo las antiguas, aquellas que se desarrollaban en el barrio de la iglesia y que suponían el primer acontecimiento social y divertido de aquella época. Hasta el año 1982, cuando la fiesta se trasladó al actual recinto ferial, en las Eras del Mecedero.
Desde lo que mi memoria recuerda, la feria era en honor de San Miguel y estaba bien colocada en el calendario, porque era como la fiesta después de la recolección y de los diversos trabajos del verano. Se celebraba durante los días 29 y 30 de septiembre y 1 y 2 de octubre. Los caballicos, las voladoras, las casetas de juguetes, las churrerías, los bailes, todo se celebraba alrededor de la iglesia. Y la feria del ganado, que al principio tenía lugar en la Cuesta y Los Baños y después se trasladó al Cerrillo.

También recuerdo los bailes que se organizaban en la plaza de los Amandos, en la llamada Plaza de José Antonio, que ahora se llama Miguel de Cervantes. Eran unos bailes clasistas a los que se podían entrar si llevabas dinero, y no todo el mundo tenía ‘pasta’ para poder hacerlo. La gran mayoría los veía desde las escaleras del Ayuntamiento o pegados a las tablas que colocaban los organizadores. Pero la música sí se oía y el ambiente se podía ver noche tras noche.
La feria era una fiesta anual que había que aprovechar, de ahí que todo el año nos los pasábamos ahorrando para tener unas pesetas en el bolsillo. Para ello teníamos nuestras alcancías, en donde íbamos depositando las perragordas y las perrillas, algo asó como los céntimos de antes. Rebuscábamos nueces y se las vendíamos por docenas a los feriantes para poder subirnos en las atracciones, comprar tejeringos y turrón y algún juguete que se exhibían en aquellas casetas de trapo y madera. 


La feria de ganado era otra de nuestras atracciones. Suponía todo un espectáculo ver a los grupos de gitanos llegar a final de septiembre, con un colchón de paja o de mondas de maíz para pasar las noches al raso. Y cuando llegaba el gran día -todos- payos y gitanos realizaban las compras, los forcejeos, los tiras y afloja para lograr un precio bueno por el burro, por el mulo, por las cabras o los cochinos que durante todo el año se habían preparado para la ocasión. Y después de vender o comprar, llegaba la hora de tomar unas copas para celebrarlo. Era todo el día en las casetas, en las churrerías y en las tabernas. Las trifulcas llegaban muchas veces a las manos y tenía que intervenir la Guardia Civil.

Las ferias de ahora son más democráticas, ya que se hacen para todos los ciudadanos. Recuerdo que fue la alcaldesa Encarnación Anguita Delgado quien trasladó la feria desde el barrio de la iglesia hasta el recinto ferial y la que cambió la fecha de antes a la del mes de agosto. El motivo era lógico, debido sobre todo a que en esa época había más gente en la villa y llegaban muchos veraneantes, esas personas que se fueron de Frailes para poder buscar una vida mejor y volvían para pasar sus días de asueto.

Sobre todo, aquellos sevillanos que se fueron a trabajar a la fábrica Renault y volvían cada año en el mes de agosto. La primera de estas ferias tuvo lugar en el año 1982 y la caseta de baile cobró las entradas, como siempre. Pero más tarde, se quitaron las barreras de entrada y todo se hizo más aperturista. Todos podían bailar al son de los grupos que el Ayuntamiento costeaba, a base de pasodobles y ritmos modernos del momento. Una gran barra abastecía de bebidas a todos los que se acercaban y las mesas y sillas colocadas para que se pudiera estar sentado, tomando alguna cosa rica y poder mirar mientras tanto a los que se divertían en la pista de baile.

Frailes ha cambiado mucho desde los años 1950 hasta ahora. De ser una sociedad en la miseria, donde había que coger las maletas cada año para irse a la vendimia, a la fresa, a la manzana, a limpiar habitaciones a los hoteles de las Islas Baleares, a trabajar en las fábricas y construcciones de Cataluña o bien al extranjero ( Suiza, Alemania o Francia). Ahora, la gran mayoría trabajamos aquí, mejor o peor, pero tenemos un bienestar que nos hemos ido ganando a trancas y barrancas.


Ahora, como todo el mundo sabe y casi todo el mundo sufre, estamos arrastrando la crisis que -desde 2007- nos está tocando a eso que llaman “estado del bienestar”. Por eso ahora es bueno recordar aquellos tiempos de las perragordas y del duro, aquellos tiempos en los que no había fiesta nada más que en la feria y algunos días señalados, aquellos tiempos en los que de manera extraordinaria podía tomarse uno alguna cerveza o alguna gaseosa que nos sabía a gloria.

Había mucha gente que lo pasaba mal: no teníamos nada y  nos calentábamos al sol, nos quitábamos los piojos unos a otros y no pensábamos siquiera que algún día podríamos tener un cuarto de baño, una habitación para dormir -con una buena cama- y algún dinerillo en las entidades bancarias. Por eso, es bueno recordar que a pesar de la crisis estamos bien y podemos tener una casa, un poco de dinero, un trabajo escaso. Pero lo más importante es que estamos vivos, que estamos aquí y que nos hacemos falta los unos a los otros y que, en todo caso, nos podemos ayudar.

Pero las fiestas y las ferias se van repitiendo, más o menos siempre son lo mismo. Baile, música, bullicio, alguna atracción para los niños. En la época democrática, a partir de 1982, los socialistas introdujeron las comidas gratis en la feria. Un día ofrecían un arroz caldoso y otro día una degustación de cerveza. La gente piensa que todo eso es gratis, pero no; eso es pagado con los impuestos de los vecinos, del presupuesto municipal. Y así un año tras otro.

También se introdujeron otros cambios, con el propósito de hacer partícipes a los vecinos, como el Día de la Bicicleta, con un recorrido de unos pocos kilómetros desde Frailes, por las Riberas y Santa Ana y vuelta a la villa, con un lugar de avituallamiento para tomar un bocadillo y un refresco. También empezaron una serie de concursos y eventos deportivos, como partidos de fútbol, concursos de dibujo, petanca, cartas o nuevos deportes como el hockey.

Los socialistas gobernaron Frailes desde 1982 hasta el 2011; después ganó las elecciones el PP; con un joven alcalde, José Manuel Garrido, que siguió más o menos las mismas pautas, aunque con un carácter renovado. Se cambiaron pocas cosas en las fiestas y en las ferias. Así la edil del PP; Lucía Serrano, potenció las verbenas en la feria, con la contratación de la orquesta Tentación que causó furor en los años 2012, 2013 y 2014. Esto supuso que la gente volviera a llenar el recinto ferial, con la complicidad de músicos y de público. Ambos, en una buena conexión, hicieron que se recuperara el prestigio de la feria y que al recinto ferial acudiera un gran público, no solo de Frailes sino de los pueblos de alrededor. También, en la fiesta de San Pedro hubo algún cambio. El PSOE con Antonio Cano como alcalde, trasladó la celebración de los festejos a los alrededores del Puente de los Molinos, porque por allí se han ido concentrando los lugares de ocio como bares, restaurantes y pubs. Pero en 2014, el alcalde del PP, José Manuel Garrido, reunió a algunos fraileros y llevó esta fiesta a su origen, a las eras del Mecedero y allí se celebraron -en el recinto ferial- en donde hay espacio para ello. Claro que las personas que tienen negocios en el puente los Molinos, hicieron un escrito de descontento por haberse llevado la fiesta de allí.

He estado leyendo un artículo de Manuel Mandianes en el   periódico ‘El Mundo’, de fecha 15 de agosto de 2014 y dice:
“La mayoría de fiestas de hoy día sirven al mercado, se crean y se imponen como se imponen las marcas: a base de publicidad. Todo ello oculta y ensombrece el resplandor original de la fiesta. Carentes de profundidad, en la mayoría de los casos son cascarones vacíos y botellones enmascarados, espejos ciegos, y evidencian el triunfo de lo siempre idéntico e indiferente. Las fiestas de antaño pasaron a ser como los útiles de labranza colgados en los museos, como objetos de lujo y decoración. Cada objeto es un mundo, es un útil no una obra de arte aunque lo haya hecho un artista. Las fiestas tradicionales son organizadas por el pueblo. Se celebran con una misa solemne, procesión, fiesta familiar, baile por la tarde. La fiesta del pueblo es el renacimiento de la vida, como el comienzo de una vida nueva. Hasta no hace muchos añosa, las referencia temporales eran litúrgicas. Los políticos y los ecologistas hablan, se lamentan del despoblamiento del mundo rural y dicen que quieren mantener el mundo rural habitado pero las medidas que toman no son eficaces porque las toman desde una idea preconcebida y no desde la realidad. Cada rincón del mundo solo se conoce cuando se habita en él así como se conocen los instrumentos cuando se utilizan y manejan. El mundo de un pueblo es esa esfera es esa esfera ordenada en la que dicho pueblo se halla confiado. El error se debe al desconocimiento de algo o a que sólo se saben las cosas a medias”.

En definitiva, el autor afirma que las fiestas tradicionales han perdido la esencia y que todas obedecen a un mismo patrón.

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