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jueves, 28 de abril de 2016

EL GRAN CEES NOOTEBOOM EN FRAILES




 Un artículo fascinante del Frailes de Michael y el Sereno.

El domingo 6 de mayo de 2001 la vida nos dio otra alegría. El escritor holandés Cees Nooteboom ‘nos sacó en los papeles’, nada más y nada menos que en el País Semanal y en su número 1.284 que conmemoraba los 25 años de vida de este diario. Es la historia de un viaje de cuatro semanas en coche por España para averiguar cómo habíamos cambiado a lo largo de estos cinco lustros. Con fotos de Simone Sassen. Comenzaba así: “Una población entre Granada y Jaén. He venido aquí invitado por el escritor inglés Michael Jacobs, autor de uno de los mejores libros sobre Andalucía. Me ha insistido en que vaya, se celebrará una gran fiesta del vino, no me la debo perder. Al principio no logré encontrar Frailes en el mapa, ahora sabré para siempre donde está. Michael –quién además de otras muchas cosas, es historiador de arte- vive encima de la única discoteca que hay en el pueblo, pero trabaja en una especie de celda de monasterio puesta a su disposición por Manuel Ruíz López, un soltero de 76 años que tiene el aspecto como si subiera a diario a una montaña, y que vive con sus dos hermanas, también solteras e incluso algo mayores que él. Esto suena como el principio de una novela de un Balzac español, lo cual no le va nada al caso, pues Manolo, como me ha permitido llamarle, es un lector apasionado. Ha hecho de todo en la vida: una especie de alcalde en la sombra de Frailes; conduce un gran Land Rover; participa en la organización de la fiesta del vino, en la que se ofrece una comida a la que asistirán más de 500 personas; cultiva sus propias aceitunas, y posee en su casa la más pequeña prensadora del mundo, con la que fábrica un aceite delicioso, que luego obsequia en botellines en los que anota el nombre del destinatario. Nos reciben como si todos llevaran años esperándonos, desayunamos en casa de Manolo, grandes rebanadas de pan tostado sobre el que gotea el aceite como oro fundido, nos prestan la casa del director del Banco Rural. Hospitalidad arcaica, nos sentimos un poco cohibidos. Michael es algo así como el hijo adoptivo del pueblo, su alta figura con el pelo gris es reconocida de inmediato por donde quiera que vaya; nos lleva a la Cueva de los jugadores de naipes y a la taberna local, todo el mundo le habla o le acompaña un trecho. Menos mal que dispone de esta celda de monasterio, si no no escribiría ni una palabra. Al día siguiente ya recojo mi correo electrónico en el ordenador de la farmacia, al segundo día ya somos habitantes de Frailes. La fiesta será un gran éxito. El vino (Matahermosa 2000, tinto con tres meses de crianza en roble americano, 60% de merlot, 20% tempranillo, 20% cabernet) fluye como un río; sopa con garbanzos, un guiso de cordero, toda clase de pasteles, el bullicio de cientos de voces, felicidad pública, risas y algazara. Todo el pueblo está presente, las ollas son tan grandes que parecen destinadas al rancho de un ejército, y de fuera han llegado escritores y pensadores, los nombres zumban a mi alrededor: Juan Eslava, Salvador Compán, Jesús Torbado, Manuel Urbano, Juan Varo Zafra, Ignacio Henares, Manuel Amezcua, Santiago Campos García. El uno ha escrito sobre curanderos; el otro, sobre coplas aceituneras. Los títulos vuelan sobre la mesa, novelas, aforismo, relatos y entre tanta sabiduría y nombres nuevos, yo, claro está, vuelvo a formular mi curiosa pregunta: ¿qué ha cambiado en los últimos 25 años?, y, debido a la hilaridad general, de las respuestas no recuerdo sino palabras. ‘Un pastor con un teléfono móvil’, y en mi cuaderno escritas con una letra no del todo clara, las notas “en España nunca cambia nada”, “sólo la ropa”, y “ese tipo de cosas hay que preguntarlas a la hora del desayuno”. Manolo ha comprado, antes de conocerme, mis libros en Granada y Jaén, y los ha repartido. Por un momento soy famoso en Frailes y el alcalde verdadero me regala dos botellas de vino y Frailes, una visión de su historia, un intento heroico y puntillista de describir el universo completo de Frailes. El libro lo contiene todo: los 164 habitantes del catastro de 1753 y las 274 personas en paro de 1964, los resultados de las elecciones municipales de 1979, los nombres de todos los sacerdotes y todos los alcaldes, las fiestas de 1994, la historia de la guerrilla entre 1940 y 1956, “pero los disparos acabaron con Hojarasquilla, que demostró su bravura abriéndose paso y yendo a morir a un olivo de las Carboneras”. Este hecho es recogido en el libro de actas de 1 de enero de 1941, donde se libra la cantidad de 554 pesetas con 32 por gastos ocasionados por la Guardia Civil en encuentro tenido en esta localidad con los bandidos Hojarasquilla y Cencerro y autopsia del primero, que se abonaron del capítulo de imprevistos. En una carta a Joseph Bloch fechada en 1890 escribe: “La historia procede de tal modo que el resultado final surge siempre de los conflictos entre las voluntades, y, a su vez, cada una de éstas es lo que es por un conjunto de circunstancias de vida particulares…” Donde mejor se observa esto es en un libro en que se describe minuciosamente la historia de una población, sea cual sea, Frailes o Montaillou. Todo lo que en la historia se pierde o desaparece sin piedad, sale a la superficie en este tipo de libros. No se trata de literatura,, sino de nombres, cifras, recuerdos, todo lo que de otro modo hubiera sido pulverizado por el gran olvido que borrará todo lo que hemos hecho y dejado de hacer. Al día siguiente recorremos en coche, con Manolo y un par de amigos, la Sierra del Trigo, una Andalucía que de otro modo nunca hubiera llegado a conocer. Terrenos, vallados, un paisaje vastísimo, en la lejanía las cimas de Sierra Nevada, ciervos con grandes cuernos, muflones, aves de rapiña. Manolo ameniza el viaje hablando de las diferentes clases de aceitunas, del reparto y los latifundios, visitamos un cortijo con maravillosos caballos en un entorno de profunda soledad, y pienso en cuánta verdad hay en las palabras que Michael ha escrito: que, dentro del aislamiento que vivió España en el pasado, detrás de los altos muros de sus montañas había otra tierra –un mundo propio-, con frecuencia incomprendida tanto por los extranjeros como por el resto de España, otro tiempo floreciente y fértil bajo el dominio musulmán, depauperada tras la partida forzosa de los judíos y musulmanes, desatendida por los latifundistas y vendida al turismo. De repente ha llegado el verano. Hemos subido en coche hasta la ermita de la Virgen de la Cabeza y comemos fuera: morcilla, potaje, patatas asadas, vino. Un hombre fuerte vestido de azul se ha reunido con nosotros; todos le conocen, es un político del Partido Andalucista  -“en realidad es un socialista”, me susurra alguien al oído-, Luis Aceituno Machuca. ¿Qué ha cambiado en los últimos 25 años? “¡España ha cambiado en los últimos 25 años más que Europa en 70¡. Toma ya. Y entonces hablamos de las reformas sociales, de las diferencias como la noche y el día entre el ayer y el ahora, de a eterna y trágica historia de las reformas agrarias, y de la seguridad de subsistencia que por fin ha llegado. “Este es el mayor logro y el cambio más importante”.

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