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martes, 1 de agosto de 2017

MI MEDALLA DE LA VIRGEN DE LAS MERCEDES

Paco Martín me comunicó por correo electrónico que el entorno de la cofradía de la Virgen de las Mercedes había decidido que escribiera un artículo para el programa de la Virgen 2017 sobre un señor que es presidente de Mensajeros por la Paz. Pero como suelo ser un poco rebelde, ese encargo no me convenció y he decidido escribir sobre la Virgen de las Mercedes, que para eso es su revista y yo que ahora no soy creyente y no practico la religión católica, no sé porque me meto en estos líos. El caso es que la Virgen de las Mercedes está presente en mi vida desde pequeño y forma parte de ella y fue culpa de mi madre, María la Betuna, que desde que tenía cinco o seis años me trajo a Alcalá para conocerla. Después he tenido una relación Guadiana con Ella. Unas veces he ido a verla a Consolación, otras la he abordado por la calle; no me he perdido su fiesta, el 15 de agosto, en los últimos 16 años y la he visto salir a la calle desde su iglesia decenas de veces. Hay algo especial, como mágico que me une a la Virgen de las Mercedes y desde hace más de un año tengo un secreto con Ella; no sé si esto es bueno, malo o regular, pero es algo para no contar, pero lo voy hacer.
El periódico Ideal regaló una especie de medalla de la Virgen de las Mercedes y yo ni corto ni perezoso, me la introduje en el bolsillo izquierdo de mi pantalón vaquero; tenía la intención de regalársela a mi hermana Maripi, porque tiene devoción por Ella. Pero pasaron los días y aquella medalla no salía del bolsillo, y siempre que me cambiaba de pantalón, la Virgen cambiaba de lugar, así un día tras otro, de tal manera que la imagen la hice mía y a pesar de que estuve, muchas veces, a punto de entregársela a mi hermana, ya no quería desprenderme de ella y llegó a formar parte de mis cosas íntimas, y no solo eso, sino que parecía que la medalla me protegía, porque mis miedos desaparecieron y casi todos mis problemas se resolvían. Siempre que tomaba cualquier decisión o tenía un problema, apretaba la medalla, que la sigo teniendo en el bolsillo de atrás del pantalón, y no me sucedía nada malo. De esta manera, la Virgen de las Mercedes me ha acompañado en este último año en todas mis vicisitudes. No quiero decir que la imagen y la medalla sean milagrosas o cualquier cosa por estilo, pero con ella en el bolsillo me he sentido bien. He conocido a gente atea que lleva una estampa del santo Custodio, un pequeño retrato que he visto en las carteras de Michael Jacobs y de Manolo el Sereno y yo también llevo uno de ellos, como también llevo otro de mi hija Nerea. Me he acostumbrado a ello; Michael y Manolo decían que la estampa los salvó alguna vez de accidentes y problemas y pienso que algo habrá de ello. Yo con mi retrato de la Virgen de las Mercedes me va bien, a pesar de que no voy a misa, bueno este año he ido a alguna; por eso no quiero desprenderme de Ella y sigo llevándola conmigo cada día. Puede ser egoísmo o algo parecido, pero lo que sí es seguro que a la Virgen de las Mercedes la voy a llevar conmigo pase lo que pase, y esto que era un secreto, lo he desvelado aquí, espero que el encanto no se desmorone y Ella me siga protegiendo como hasta ahora.

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