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viernes, 27 de septiembre de 2013

27 DE SEPTIEMBRE DE 2013

Ahora que ha llegado el otoño me acuerdo que este año no he probado los higos con lo que me gustan, solía comerme algunos de la higuera de Manolo, pero este año no está. Mi mano izquierda se está volviendo perezosa y ha perdido fuerza y no la manejo como antes. Pero me acuerdo de Elena y qué estará haciendo en la Agricultura de la Junta y de la nuestra, ahora se ha llevado con ella a Jesús Bonilla y se ha despedido de mí y yo de él y le he deseado que tenga mucha suerte. En esta etapa de miedos y sobresaltos es siempre bueno un poco de suerte.
El Charro está cerrado y es una odisea poder desayunar en Frailes, tengo que coger el coche e ir a la otra punta de la villa o bajar a casa de mi hermana y que me de un poco de lo que tiene. Y allí, veo a mi cuñado que está malito y a mi tía Dolores que aún se maneja bien y un montón de personas mayores que toma el sol en el pequeño parque de las Cuevas y me digo que poco a poco, también, me estoy poniendo viejo. A veces, bajo por la Cuestecilla y veo al Regalo con sus perros, el otro día me dijo, cuando salía de su casa que estaba harto de ver la tele e iba a vender algún llavero de los que había hecho a mano, a un euro cada uno, una ganga, pero no vende muchos. 
Y también subo por la calle Corral y veo a alguna mujer que compraba en la tienda de mi mama y nos damos un beso, recordando aquellos tiempos en que las Cuevas era el centro de Frailes, pero ahora es la calle Santa Lucia y todo ese conjunto del barrio de la iglesia. Subo por la calle Horno, donde nací y veo como los vecinos han transformado el barrio completamente. Lo han adornado con macetas y árboles y lo han encalado y me han dicho que tiene muchos visitantes y continuamente le hacen fotos. Hasta vive un matrimonio de Reino Unido en la casa que era de la Gregoria. Vivir para ver.

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