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viernes, 20 de septiembre de 2013

ABUELO, ABUELA... de Juan José Millás

Atención, viejo, anciano, jubilado, atención, abuelo. El Gobierno de Rajoy le va a sacar a usted 33.000 millones de euros en apenas nueve años. Con habilidad de carterista, denominando “reordenación del sistema” a lo que es un atraco anticonstitucional, le meterá mes a mes los dedos índice y corazón en la garganta para que vomite usted la parte alícuota. ¿Qué hará con ella luego? No sabemos, quizá regalársela a los bancos, como lo que se obtuvo de la anterior congelación de las pensiones, que no se iban a tocar al modo en que no se tocarían los impuestos, la sanidad o la educación. Tampoco, por cierto, se daría a los bancos a fondo perdido todo ese dinero que Bankia jamás devolverá.
Pero estábamos en el asunto de las pensiones, la línea roja a la que Rajoy se refería con una carga emocional que te partía el alma. Los ancianos, decía, son demasiado vulnerables para hacerlos objeto de nuestra codicia. Pensaba uno escuchándolo que aún en las organizaciones más crueles hay límites morales que nadie se atreve a traspasar. Pero no es así, viejo, anciano, jubilado, abuelo. Ahora, después de los enfermos crónicos, de los dependientes, de los estudiantes, de los parados, de los trabajadores en activo, vienen por fin ustedes. Y a ustedes se lo vamos a hacer en plan biopsia. Hoy un trocito de hígado para entregárselo encebollado a la Troika, y mañana un pedazo de criadilla para que las autoridades alemanas prueben el sabor de nuestra cocina política. Hay poca cultura gastronómico-visceral en esta Europa. Entreguémosles las suyas, viejo, vieja, anciano, anciana, abuelo, abuela, entreguémosles sus vísceras para levantar la marca España. Sírvanse ustedes mismos, 33.000 millones de auténticas delicias de octogenario español. Ya lo dijo Rajoy, son vulnerables, no pueden defenderse, a la oportunidad la pintan calva.

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