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jueves, 8 de octubre de 2015

LAS CRUCES, OTRA FORMA DE MIRAR ALCALA

El barrio de Las Cruces sigue estando allí, con todos sus ingredientes que no son pocos, para poder pasear, ver o mirar el espectáculo que nos ofrece desde una perspectiva singular. Desde los alrededores de la iglesia de San Antón, en pleno centro de Alcalá la Real, se ven como pequeñas casitas blancas, unas cinco antenas de telefonía y un panorama esperanzador imaginable, pero hay ue trasladarse a dicho barrio para poder empaparse de todo lo que contiene.
Subir andando hasta Las Cruces es un ejercicio de voluntad, esperanza, magia o esfuerzo, pero vale la pena sentir todas esas sensaciones. Desde el centro de la ciudad, se puede llegar por múltiples itinerarios, desde la calle Fuente Nueva, por la calle Utrilla o por el Juego Pelota. Todos los caminos nos pueden llevar a Las Cruces. Ahora bien, hay que tomar el asunto con paciencia y paso firme porque las pendientes son pronunciadas, las calles retorcidas y cada vez se necesita un poco de interes para seguir subiendo. Y llegar a lo alto. Pero siempre vale la pena llegar hasta allí. En el camino podemos observar calles antiguas alcalaínas, con casas habitadas y otras abandonadas que dan una visión del antes y después.
Se puede decir que a partir de la calle Corredera comienzan las verdaderas Cruces, un barrio que era humilde, deteriorado de gente sin muchas posibilidades, se puede decir que era marginal, con casas derruidas, escombros, basuras y sin cuidar; claro que con su encanto que nunca lo ha perdido. Ahora, en los últimos años se ha transformado, por obra y gracia del dinero europeo, el llamado Plan Urban. Parte de su arquitectura se ha transformado, pero la esencia del barrio sigue siendo la misma, su sencillez y grandeza.
Subir hasta allí y pasear, mirar y hablar con sus gentes es introducirse en la Alcalá de siempre, de ahora y la del futuro. Su grandiosidad son sus vistas, las miradas que cada persona puede hacer desde allí, hacia el centro, norte, sur; Alcalá está a nuestros pies, un mogollón de casas, tejas, ventanas, torres, calles, árboles, iglesias y sobre todo ella, la Mota, se nos presentan a nuestros ojos para disfrutar, en la lejanía la fortaleza se hace grandiosa y el espectador se puede imaginar una Mota habitada del siglo XV o XVI.
El barrio de Las Cruces se transformó  en pocos meses, gracias al programa Iniciativa Urbana. Aquellas casas humildes y de grandes carencias han cambiado de aspecto, con calles con barandillas de hierro, escaleras bien trazadas, farolas de diseño y mobiliario urbano, pensando en los niños y en los mayores.
La denominación de este popular y típico barrio tiene su origen en la colocación de todo un reguero de blancas cruces, formando un 'Vía Crucis' que rememoraba la pasión de Cristo. La progresiva pérdida de esta tradición y la urbanización incontrolada de este espacio fragmentaron el itinerario y el significado de este ritual religioso.
Ahora y tras las obras, el barrio ha cambiado en estética, es como una pócima mágica que se le ha dado, que ha hecho que aquella marginalidad se haya transformado y son muchos los alcalaínos y visitantes que se pasean por su calles, lo visitan y cuidan.
He vuelto a visitar a Las Cruces, el cuerpo me lo pedía. Valió la pena el esfuerzo, porque mi mente y mi cuerpo lo agradecieron, me encontré con antiguos vecinos que sentados a las puertas de su casa o en los bancos metálicos que han colocado, se contaban sus historias de vida. Sonrientes, algunos con más edad, otros empezando a vivir, arreglando sus casas. Había perros que jugaban, dos enamorados que conversaban silenciosos. Me encontré con Carmen, con Antonio y con Pedro y con aquellos miradores desde los que se divisa toda Alcalá.




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