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viernes, 1 de mayo de 2015

TODOS HACEMOS POLITICA



Seguir hablando de política, de quién va a ganar las elecciones locales en Alcalá la Real, Frailes o Castillo de Locubín, puede ser un ejercicio de cabalística o estadística que tiene fácil solución y que se resolverá el día 24 de mayo.
Hacer política lo hacemos todos. Sin darnos cuenta, vamos tejiendo nuestras vidas como mejor podemos, restando allí, sumando acá, mientras los días se van consumiendo. Y hacer política es ayudar a mejorar las condiciones de vida de quién más está padeciendo. Y aquí y en Madrid, la gente, los ciudadanos aspiramos a tratar de vivir en las mejores condiciones posibles. Y estas condiciones son fáciles de saber: derecho a la vida, tratar de tener un sitio donde cobijarse, poder comer, recibir una educación, poder tener una sanidad  para cuando lleguen las enfermedades, y finalmente relacionarnos con nuestros semejantes de igual a igual, o en iguales condiciones.
Está todo inventado y los ciudadanos queremos lo mejor para cada uno. Pero prosperar viendo a gente muriendo en una patera, viendo a niños que mueren de una infección, viendo a personas que se matan por unas creencias y otras muchas cosas más, no es una superación, es una vuelta atrás.
Prosperar viendo al vecino que no tiene trabajo, mientras otras personas tienen y derrochan lo que otros necesitan, es también hacer política.
Casi todos los partidos políticos defienden los derechos de sus electores, por ello los ciudadanos los votan, porque creen en las ideas que pregonan. Aunque la mayoría de las veces no cumplan los programas prometidos. Los ciudadanos nos deberíamos de poner de acuerdo en hacer un pacto con los partidos políticos, en el que se firmaran unos derechos básicos y unos deberes esenciales de legal cumplimiento, de tal manera que las cosas básicas que atañen a la subsistencia de las personas, sean perennes y permanentes.
La vida es corta y todos tenemos derecho a que sea, al menos digna. No consintamos que haya partidos políticos que a su antojo jueguen con nuestras cosas esenciales, mientras consienten que otros se enriquezcan, materialmente, con el dolor de sus semejantes.
Los seres humanos debemos aspirar a dignificar nuestras vidas y para ello no vale un plan de empleo coyuntural y electoral, sino un reparto del trabajo y un reparto de los rendimientos de ese trabajo, porque de qué sirve que haya gente con una casa de seis cuartos de baño, cuando a pocos metros hay un desahucio o una chabola.

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