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domingo, 26 de abril de 2015

LA LECTURA COMO ALIMENTO

Vaya como homenaje a don Rafael Hinojosa, concejal de Cultura en el Ayuntamiento alcalaíno que en breve nos abandonará y que poco a poco ha ido dejándonos huérfanos de sus escritos en diversos medios, aunque aún están ahí todos sus libros. Su texto 'La lectura como alimento' es digno de ser leído, no solo por los que aman los libros sino por cualquiera que le guste las letras y como él parece, ahora, desencantado y parece como que se está despidiendo de todos nosotros, he creído conveniente colgar este texto suyo en mi humilde blog.



VIII Semana del Libro                    Alcalá la Real. 23 abril, 2015
Lema: La lectura como alimento
Leer, leer,  vivir la vida
que otros soñaron ...
Leer, leer, ¿seré lectura
mañana también yo?
¿Seré mi creador o mi criatura,
seré lo que pasó?
   Miguel de Unamuno
El lema propuesto por la Concejalía de Cultura y Universidad para la VIII Semana del Libro es fácil de comentar de una manera inmediata. El hombre tiene dos componentes inseparables, el cuerpo y el alma. El primero necesita consumir  una serie de alimentos que le den los hidratos, las grasas y las vitaminas sin las cuales no podría crecer y desarrollarse biológicamente. De la misma manera, el alma necesita de otros alimentos que le hagan crecer espiritualmente. La lectura es para el alma y la mente lo mismo que la comida para el cuerpo. Cualquiera entiende esta primera aproximación al lema de hoy. Pero no estaría mal que profundizáramos un poco más para sacarle todo el jugo a esta gran metáfora de la lectura.

Sabido es que una buena alimentación corporal debe seguir una dieta equilibrada, lo suficientemente rica y variada para que, a la vez que  nos permita un desarrollo saludable y estético, nos regale -además- el placer de comer. Hablamos de un crecimiento saludable y estético que, no sólo nos proteja de la enfermedad, sino que nos añada geometría. Buena salud y buena imagen son los pilares de la alimentación del cuerpo. Por eso hemos de controlar las grasas, la sal, el alcohol y hemos de insistir en el aporte vitamínico de la fruta, las verduras o el pescado.

Con el alma pasa lo mismo. Yo no tengo ningún inconveniente en usar la palabra “alma”, prescindiendo de su connotación religiosa. Alma o espíritu, me da igual. Ese componente  inmaterial de la persona humana. Ese remojón de deseos, sensibilidades, sentimientos, estados de ánimo, niveles de conciencia y de conocimiento ... eso es el “alma”. Y esa alma debe ser alimentada de la misma manera que el cuerpo, con una dieta nutritiva que persiga también su desarrollo saludable y estético. Un alma buena y un alma bella. Lo decía muy bien el gran Leonardo da Vinci: “anime belle et de virtute antique …”
De la misma manera que hay que comer de todo, hay que leer todo, pero siguiendo una dieta personal que vaya bien a cada uno, controlada, para evitar los excesos, las indigestiones y la acidez y no tener que echar mano del bicarbonato. No eliminar, pero sí reducir los best-sellers, la literatura rosa o la lectura deportiva, y aumentar las raciones de poesía, ensayo, narrativa literaria, etc … y todo esto según los gustos y apetencias de cada consumidor. El provecho de la lectura, nos dice Balmes, “no está en la cantidad que se lee, sino en la proporción que se digiere lo leído”.
 La lectura, como el alimento, da fuerza y agilidad a la imaginación facilitando la creatividad y nos ayuda a construirnos un mundo nuestro, cercano y lejano, conocido y desconocido … que nosotros modificamos con cada nueva lectura. El beneficio de la lectura, como el de una buena nutrición, fortalece la fibra del sentido crítico y el músculo del pensamiento, nos da los minerales precisos para conocernos mejor y sacar todo el jugo a nuestras experiencias.  
Conviene distinguir dos tipos de libros: los libros de estudio y consulta (libros de texto) y los libros de entretenimiento. Los primeros se convierten en instrumentos de cultura.de educación y de humanismo; los segundos en viveros de afición, de ocio y de intimidad. Conjugar los dos momentos es la receta. Unos y otros nos deben regalar el placer de leer. Si eso no ocurre, habrá que cambiar de dieta.
En España se lee poco y en muchos casos, mal. Es como aquel que pasa hambre y se cree que el remedio es hartarse o comer cualquier cosa. Le produce indigestión y termina siendo el remedio peor que la enfermedad. El enfermo lector está débil y no tiene gana de nada. Por eso -al principio- la dieta de lectura tiene que cumplir las condiciones de brevedad, variedad, situación y gusto personal: textos cortos de revistas o breves capítulos de libros, pequeños artículos, asuntos que te interesen… Poco a poco la afición lectora te irá exigiendo nuevas raciones y nuevos platos.
Pero la dieta ha de ser voluntaria, libremente elegida y placentera. ¿Qué pasa? Que tú sigues una dieta alimenticia si estás convencido de que es buena para ti, de que nadie te obliga y de que te sienta bien y va a ser útil, ya que la dieta te exige un esfuerzo y un  sacrificio que tiene que ser compensado para que merezca la pena. Es muy difícil renunciar a los dulces y al helado y al salchichón tan rico de Alcalá, lo mismo que renunciar a la lectura de sacarina y grasa (novela rosa, literatura del corazón y prensa deportiva), al menos, disminuir la dosis,  pero hay que hacerlo. Que en plena crisis de la lectura y del libro, cuando ya es un éxito que una edición llegue a los 2 mil -3mil ejemplares, la revista Hola o el periódico Marca lleguen al millón lo indica todo. Leer te exige tiempo, interés y concentración pero, a cambio te ofrece emoción, descanso y sabiduría. Por eso debes buscar un buen dietista que te inicie y te controle el peso de tu lectura. Y aquí topamos con la crítica literaria y los intereses editoriales (best sellers). Pero este tema escapa a este comentario.
Dos reflexiones finales:
  1. La lectura como aprendizaje: hay que leer para, entre otras cosas a aprender a leer. El libro, antorcha del pensamiento y manantial del amor, como lo llama Rubén Darío,  te marca los caminos y los días, los silencios y los diálogos, las pasiones y las emociones, los tiempos y los espacios y, a través de su lectura, te acerca al idioma y da agilidad y precisión a tu lenguaje, brillo a tu conversación, estilo a tus escritos …  Una aventura que Vargas Llosa afirma como la más importante que le ha pasado en su vida. 
  2. La lectura como instrumento de libertad. Al elegir los libros que leemos, manifestamos nuestros gustos, nuestros intereses, nuestras preguntas, nuestros sueños y nuestras realidades. A mí -os lo aseguro- los libros me enseñaron a pensar y el pensamiento me hizo libre.
Por eso el último verso de mi “querido libro”, que podéis leer en el tarjetón, y que por un error de impresión no ha salido, dice así:
“A ti, alimento de libertad y vitamina del alma”. (Por si queréis añadirlo)
Esto es lo que se me ocurre sobre el lema de “la lectura como alimento”. Espero que os pueda servir de algo. Y ahora, oigamos a Carmen Juan y a Maite Murcia hablar de su libro. Gracias.



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