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lunes, 5 de agosto de 2013

VIVA RAFAEL ALVAREZ

 No había escuchado a Rafael Álvarez a pesar de que este artista es alcalaíno, pero la actuación que hizo en los Festivales de Agosto alcalaínos no me la pude perder. De pronto, me vi en el teatro Martínez Montañés y estaba el aforo lleno, no solo en las butacas sino también en los palcos. Y allí, estaba él, Rafael Álvarez, subido en el escenario, con sus dos guitarras, un par de taburetes, un pequeño piano eléctrico y varios micros, así como una mesa pequeña, con un portafotos, un vaso y una botella llena de líquido transparente. Solo, alegre, preocupado, responsable, con ganas de quedar bien, con entusiasmo, con ganas de cantar, de demostrar lo que ha ido aprendiendo a lo largo de estos últimos años.
Y así, se puso a la tarea, y dijo: gracias señora alcaldesa por poder darme esta oportunidad de cantar ante mi familia, mis paisanos, el público alcalaíno. Y yo que no sabía como cantaba, tan sólo su hermano José Luis me había dicho algunas cosas sobre él, tuve una sensación enorme, algo que me recordaba a Silvio Rodríguez, a Luis Eduardo Aute, a Serrat, a Pablo Milanés, a Carlos Cano, o no, era alguien que me emocionó, que me puso los pelos de punta. Con una voz tranquila, sosegada, capaz de arrancar nuevos sonidos a su garganta, una voz que llega al corazón, al mío también llegó y me mantuvo unido a Rafael Álvarez durante todo el concierto.
Y cantó con su hermano, José Luis y aún más se aceleró mi alma; y contó con Rosa, una amiga y compañera que en Sevilla pasaron momentos; y fue acompañado al piano por Antonio Baeza y parece como si las voces de Rafael, con José Luis, con Antonio, con Rosa, con otro Antonio el hijo de Nani Canovaca; con las voces de Pilar Pérez, adquirieran una nota especial que retumbaron en el Martínez Montañés como algo mágico, como algo eléctrico, como algo armonioso y hermoso.
Y siguió cantando Rafael, un himno a Jaén, un himno a Alcalá la Real, y cantó canciones de toda la vida, como ‘Nostalgia’, y el público no paró de aplaudirlo, porque se sentía a gusto, y cantó a su madre, a todas las madres; a Abril, una criatura nacida recientemente.
Y al final, el público se puso en pie, lo aplaudió durante varios minutos y se puso en pie para seguir aplaudiendo y Rafael tardó varios minutos en aparecer, pero volvió y cantó una canción de Carlos Cano, otra de Rafael, de María Dolores Pradera y su voz volvió a llegar a los corazones de Alcalá y fue como una comunión de Rafael Álvarez con todos los que habíamos allí y acabó todo y se fue todo el mundo. Cuando salí del Martínez Montañés, me fui tarareando algunos trozos de las canciones y pensé que suerte tiene Rafael que ha dado felicidad a toda esta gente.

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