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jueves, 8 de agosto de 2013

EL HOMBRE QUE SEDUJO A FRAILES

La casa de Michael Jacobs, en Frailes, domina a toda la villa. Desde allí se pueden mirar los misterios de este pequeño pueblo y el camino del cementerio. Instalado en lo alto del Calvario no es casualidad que haya elegido este sitio para vivir aunque las cartas a veces no llegan a su destino y el cartero tiene que dejárselas en el Ayuntamiento.

Jacobs es un gran tímido o al menos a mí me lo parece, pero los tímidos tenemos una característica especial para salir adelante, a veces balbucea cuando habla, pero luego toma las riendas y es capaz de quedarse con el auditorio, a través de su palabra que la maneja con maestría en su escritura. Dándole autoridad a lo que dice y al mismo tiempo convenciendo al que lo oiga, con una pizca de ironía y mucho talento.

Enfrascado en una escritura continua, Michael Jacobs es uno de los mayores seductores que conozco, es capaz de cantar una tarantela napolitana poniéndole tanto énfasis como corazón, dejándose el alma en cada escorzo o colocando una pizza en su mesa hecha en su horno moruno con ceniza sagrada de las termas de cualquier ‘cicerone’ romano. Añadiendo un arroz risotto que sus amigos le aplauden a menudo, porque es tan generoso que casi siempre está cocinando para aliviar el peso de esta crisis que se encontró en España un verano del 2007 cuando viajaba hacía la Itaca de sus amores.

Pero lo que más me llama la atención de este inglés-italiano o caminante del mundo es su capacidad de amar, de amores imposibles, de aquellos que no se pueden lograr porque se caería el mundo y en realidad el amor no se puede conseguir, mantiene un idilio eterno entre Cupido, Eloisa, Julieta, los amantes de Teruel, Mercedes, Jackie, Manolo el Sereno, Alejandro, Carmen, Elisabeth … Y eso me pone nervioso porque me hubiera gustado que Michael Jacobs me amara apasionadamente y convertirme en la mujer de sus sueños, pero eso es imposible porque nací hombre y a lo máximo que aspiré fue a comprarme una casa junto a la suya que después tuve que abandonar por la fuerza de la razón, pero no es esa la cuestión. Yo creo que Michael Jacobs se quedó viviendo en Frailes por amor, por un amor al pueblo entero, por sentir en cada llegada el saludo de los suyos. La mano del Bubi, el beso de Merce, el abrazo de Juan Antonio, la caricia de Paqui, las palabras de Ferminillo, la visita del Cinema España, mirar la Casilla, recordar la discoteca Oh, bajar por la calle Cantillo saludando a todo el mundo, observar el agua del Nacimiento, llegar al Ayuntamiento, volver a mirar la casa del Sereno y entrar al despacho de Mercedes García. No sé lo que hablan entre ellos pero debe ser hermoso, no, es hermoso. Lo que se pueden decir ellos. Ella, una mujer, una bruja, otra seductora. Él, un escritor que ha paseado por el mundo, que ha cautivado a mujeres y hombres en Colombia, Bolivia, Italia, en toda España, etc. Salta la chispa, y surge la magia entre ellos como aquél primer día que fue recibido entre refajos fraileros, entre frutas y verduras. Qué suerte tuvo Michael, qué suerte tuvo Merce, qué suerte tuvo Frailes que alineó los astros y el santo Custodio consiguió lo imposible, el milagro de que Michael Jacobs llegara a Frailes, como una bendición, como si fuese un ungido, el escogido. Y escribió ‘La fábrica de la luz’ y nos retrató tal como somos, o como él nos ve y algunos se indignaron por verse retratados como los vio, como seres que no están contentos con lo que son y todavía y creo que siempre, releyendo a estos párrafos siento la emoción de que algo nuevo va a suceder aunque el libro ya está escrito. Parece un libro vivo que nos va comiendo que nos persigue.

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