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miércoles, 17 de abril de 2013

MI AMIGO MIGUEL MONTES

Aquellos días de la infancia en el barrio Corral, mientras corríamos por las calles terrosas, nos unieron para toda la vida. Tú vivías con tu abuela Frasquita en aquella casucha humilde frente a mí, nos veíamos y seguíamos corriendo por la plaza, por las huertas. En aquellos tiempos de miseria, con pantalones de pana ni cortos ni largos, atados con un cinturón de tomiza.
Pero donde más disfrutábamos era en los Cantones, visitando a tu abuela Paz, desde allí dominábamos todo Sotorredondo y aquella cueva, donde vivía tu abuela, era como un palacio con pan duro cuando corríamos por aquellos montes, llenos de flores. O bajábamos a beber agua a aquella pequeña fuente que había que agacharse para tomar el agua con  las manos.
Después vendías pipas, caramelos, chicles en el Cinema España, con aquella bandeja que te colocó Fermín, e ibas del gallinero a los palcos, y visitabas las butacas. Colocabas las pizarras de los estrenos del cine y te miraba desde la tienda de mi madre.
Otro día ya proyectabas las películas y me dejabas entrar en aquél santa-sanctorum donde estaba la gran máquina que despedía las imágenes y se proyectaban en la pantalla.
A veces, desaparecías y te hiciste trabajador de una fábrica de harina en la Ribera Alta, recuerdo que un día fui con mi hermano Antonio a por aquellos sacos de harinilla para los cerdos y tú manipulabas aquellas piezas grandes y tenía envidia porque ya eras como un hombre con trabajo, pero lo que verdaderamente te gustaba, era estar en la sala de proyecciones del Cinema España.
Otro día, me dijiste que te ibas a Ibiza a trabajar, y con el paso del tiempo te convertiste en un señor de los fogones y me contabas que hacías comida para 4.000 personas, yo ni me imaginaba como se puede dar de comer a tanta gente.
También recuerdo tus amores, cuando me contabas tus andanzas y tus proyectos en el arte de Cupido.
Ahora, ya somos dos personas mayores que hemos ido recorriendo nuestras vidas, ahora nos vemos de vez en cuando, nos abrazamos y nos ponemos a contar nuestros achaques, ahora pensamos en el futuro de nuestros hijos y en la jubilación. Cuando seamos más mayores nos iremos al Cinema España y proyectarás alguna película para mí, y en el descanso sacarás tu bandeja y me venderás alguna chuchería, mientras Nat King Cole cantará aquella canción de los descansos que aún tengo grabada en mi mente.

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