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sábado, 13 de abril de 2013

LA FIESTA DEL VINO DE FRAILES COMO LAS BODAS DE CANAAN

Como en las bodas de Canaam, ayer hubo vino y comida en Frailes para ‘todo el mundo’, pero no se obró un milagro, sino que se siguió haciendo lo que se ha hecho durante 17 años seguidos.
Amaneció un día espléndido, con un sol que alumbraba por el cerro del Cepero, la Martina y las viñas del Cerrillo, un sol que elevó la temperatura durante todo el día y el vino hizo el resto.
Desde muy temprano, el equipo del cocinero Miguel Montes se puso a trabajar, un ejército no muy grande de mujeres y hombres jóvenes que hicieron una puesta a punto de la comida y bebida. Organizaron las mesas, colocaron todo el mobiliario para que a las 14:30 horas se pudiera aguantar la avalancha de casi dos mil personas en el recinto ferial.
Antes, sobre las doce, fue cuando se inició la XVII Jornada Vinícola y Gastronómica de la villa de Frailes, allí en la Casa de la Cultura, el propio alcalde, el popular José Manuel Romero fue el encargado de inaugurar esta fiesta, junto con la edil de Festejos, Lucia Serrano, en la sala de la Casa de la Cultura habló Luis Jesús García-Lomas Pousibet, y habló de muchas cosas del municipio, del antiguo vino de la taberna de la Mariquilla y se documentó de muchas cosas que han sucedido en Frailes, y fue aplaudido cuando terminó y después todos acudieron al espectáculo que se había preparado en la plaza de Miguel de Cervantes, que antes fue de José Antonio pero que los socialistas le cambiaron el nombre. Y allí, dirigidos por Belén Ramos, se ofreció un espectáculo denominado ‘Raíces Andaluces’, con música de una antigua rondalla frailera de guitarras y bandurrias que habían sido dirigidas por la boticaria Inmaculada Campos, y allí estaba ella también, con más años pero su cara demostraba alegria, sobre todo viendo a sus dos hijos tocar y a su nuera dirigir el espectáculo. Y todos ellos cantaron, bailaron y realzaron las ropas antiguas de la villa y fueron aplaudidos por los allí presentes.
Y a las 13:30 horas, Frailes fue un constante va y ven, la carretera principal era un hervidero, con mucha gente que se dirigía al recinto ferial, y tuvieron que hacer cola para entrar, porque tenian que llevar la entrada para ello, pero cada uno que pasaba, recibió un regalo, un almirez de los de antes, hecho de cerámica y un puño de madera para machacar especies y alimentos.
Y las mesas, muchas mesas, se fueron llenando de gente, y las botellas de vino se fueron vaciando y los jóvenes camareros las fueron reponiendo y la alegria y el alboroto fue alcanzando mayores cotas. Sirvieron el potaje, como siempre exquisito, gracias a las manos de Miguel Montes que es capaz de hacer comida para 4.000 personas, y el personal siguió pidiendo vino y los camaeros siguieron alargando botellas, y sirvieron carne y algunos repitieron platos de potaje, y el postre fue de dulces de las panaderias fraileras y todo más o menos se acabó sobre las seis de la tarde y la gente se fue desperdigando por los bares de Frailes para tomar cafe, otra copa y seguir hablando de lo divino y de lo humano y así transcurrió la XVII edición del vino de Frailes.

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