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lunes, 10 de julio de 2017

VOLVER A LA BENEFICENCIA

Nunca fui un valiente, aunque a veces, sí un atrevido. Pero esto de los impulsos naturales es propio de espíritus atormentados que buscan una salida rápida para encontrar soluciones. Pienso en compartir lo que tengo y en buscar soluciones colectivas pero luego soy capaz de dar una limosna, al ver a una persona solicitarme un euro, sin pensarlo me meto la mano en el bolsillo y saco una moneda y se la entrego. Después, pienso que el listo pidemonedas es un tunante que me quiere engañar, pero a mí que más me da. Un día un hombre me pidió cinco euros, decía que a otro día le cortaban la luz sino pagaba una factura que me mostraba, pensé que por cinco euros podía solucionar un grave problema, también pensé que era una farsa, un engaño y le dije que no tenía porqué solucionarle el problema; le animé a que se dirigiera a los Servicios Sociales y pidiera ayuda. Una vez presté 500.000 pesetas a una persona y me las devolvió pasado el tiempo. A la gente que no ha comido se le nota en la cara, un día sufrí una pajara y tenía tanta hambre que no pensaba más que en la comida, cuando llegué a mi casa me metía en la boca todo lo que iba pillandO, al poco rato vomitaba como un descosido sin piedad. Los políticos que nos gobiernan, no nos quieren, nos ponen todas las zancadillas que pueden para engañarnos; buscan la energía más cara, hacen de la justicia su juego favorito y favorecen al que hace más trampas; al señor Urdangarín le asignan una escolta para defenderlo y también al señor Soria. El señor Montoro reparte dinero entre los que votan su presupuesto, como si la democracia fuese hacer un favor a un amiguete. Los mecenas regalan dinero para que aminoren sus impuestos; que paguen sus impuestos, los que le pertenezcan y que se dejen de beneficencia, porque con la salud no debe jugarse, eso ya se hizo en los siglos pasados, que los ricos se apuntaban en esas listas para recibir asistencia médica.

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