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martes, 20 de junio de 2017

AQUELLAS CANCIONES QUE ESCUCHABA EN FRAILES

En 1966 escuchaba Hilo de Seda de Pekenikes, mientras me fumaba un Tres Carabelas en aquella casa de la calle Horno, y mi vecina Virtudes barría la calle. Solíamos hacer guateques en casa de Luis Alba y preparábamos un garrafón de ginebra con cola y bebíamos como cosacos al atardecer en la calle Santa Lucía. Buscaba otro mundo lejos del sol y de las estrellas y añoraba a La Chica del ayer. Bajábamos a los Puentes de los Molinos a pasear y allí nos encontrábamos con las niñas de nuestra edad, una vez me caí a una acequia que había a un lado de la acera y el agua me arrastró hacía una compuerta. También oía a Los Brincos cuando tocaban Borracho y seguíamos paseando hasta la Dehesilla, vestidos con la ropa limpia de aquellos domingos cuando el general Franco tenía su retrato colocado en todas las aulas de las escuelas de España. Gigiola Chicueti decía que no tenía edad y bailaba en todos los saraos de Europa cuando ganó aquel premio musical.
Estaba deseando salir de la taberna de mi madre para ir a buscar a mis amigos. Mi hermana Maripi me había regalado un transistor francés, donde escuchaba las canciones de la época y los Cuarenta Principales en la cadena Ser. Así escuché a Procul Harum y White shader of Pale. Beach Boys y sus Buenas Vibraciones sonaban cada vez más. También Juan y Junior y Los Bravos con Los Chicos y las Chicas y la tardes las pasaba con Lola; mientras Raphael hablaba continuamente del Amor y no le importaba la gente que viene y que va. Sandie Shaw cantaba las Marionetas y San Francisco y los The Beathles y Fours Toups estaban en los primeros lugares del ranking.
Tenía una bicicleta por la que me movía por todo Frailes, tan pronto estaba en las Eras del Mecedero como en los Baños, a veces me caía en la carretera y mis manos sangraban por todos lados. Karina lanzaba miles de flechas de amor y desde que llegaste yo vivo cantando.

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