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jueves, 22 de septiembre de 2016

LA VIDA EN OTOÑO

Estaba solo y pensaba en mi vida, en la vida que es una. En Rafi que había dicho no sé qué de facismo en Semana Santa. En estos días de jubilo y euforia que he pasado como si estuviera de vacaciones; salí temprano a andar y mi cabeza daba vueltas como si una ebullición de aire se me hubiese colado. Meditaba a la vuelta, la feria estaba allí, colocándola, para que se diviertan por decreto durante cinco días y velar por las sanas costumbres. Tenía un eczema en el lado izquierdo de la frente y me ponía miel natural para no contagiarme. Estuve cuatro días pateando la ciudad aquella junto al mar, viendo gente divertida que desayunaba, comía y miraba iglesias y cosas raras. El Pimpi ofrecía menús para ricos a 16 euros y había una terraza en un quinto piso, donde se podía tomar un gin-tonics a 7 euros pero muy cerca de la luna, aunque había que hacer equilibrios para no pisar a la gente que se sentaba en el suelo. 
En Frailes habían hecho una exhibición de autos con grandes ruedas. En el Paseo de los Álamos habían entrado las bicicletas. Me entretenía viendo citas de amor a ciegas y oraba para que los enamorados se entendieran. 
Ayer, apenas salí a la calle, estuve contando las nubes que volvían al cielo a preparar la lluvia de este otoño. Me dijeron que tenía la fecha de caducidad pegada al culo pero los dolores se habían apagado. Desperté y aún era de noche, en las escaleras se oía ruido porque el ascensor no funcionaba. Hice ejercicios de gimnasia para mantenerme en fora, había engordado dos mil gramos pero no se notaba, estaba ligero y podía andar nornalmente, pero aún me resentía del pie derecho, después de siete años del accidente de moto. 
Creo que en el pleno un hombre de Mures hacía comentarios en voz alta e interrumpia la marcha del mismo. dicen que fue desalojado por orden del alcalde. Hay mucha gente que no guarda el debido respeto  a las instituciones. 
No sé si volveré a ponerme la camiseta de Adolfo Dominguez, me queda muy pegadda y aumenta mi vientre. En el camino he dejado migajas de pan para que me sigas, espero que no se las coman los gorriones. 
Mis gafas se están desgastando por el sudor, las patillas que eran azules están perdiendo su esplendor y mi aspecto canchero se va esfumando.
Soy un escribidor sin talento que no puede dejar de hacer garabatos diarios. Voy silencioso por la casa y mis huellas no dejan rastro, a veces parezco un fantasma con la cara descubierta.   

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