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jueves, 21 de octubre de 2010

INVISIBLE

Beebi Lumada no debía estar ahí. Omán era sólo una escala en su viaje de regreso a casa, pero tuvo la desgracia de perder el pasaporte. La compañía aérea, primero, el aeropuerto, después, y las autoridades, por último (burocracia, en fin) la condenaron a dormir cinco noches tirada en una sala hasta que su corazón dijo “basta”.

¿Qué hacía tan lejos de casa, sola y sin ayuda? Según el minucioso relato recogido por el diario inglés The Independent, su drama se resume en tres ciudades, en tres países. Muscat, en Omán; Doha, en Qatar; y Chennai, en India. Este último era el final de su viaje. Nunca llegó allí.

La pesadilla arranca en Muscat, donde Beebi Lumada estaba trabajando como sirvienta para una familia acomodada, hasta que fue despedida porque sufría “problemas emocionales”. Sin empleo, y por tanto sin permiso de residencia, debía abandonar el país.

Segundo capítulo: Doha, en Qatar. Hasta allí llegó con pasaporte, eso es seguro, hasta que lo perdió no sabe dónde. Al intentar tomar el siguiente vuelo con destino a la India fue rechazada y devuelta a Omán, donde quedó atrapada sin poder volar (no tenía pasaporte) ni entrar en el país (no tenía visado).

Allí pasó cinco días en tierra de nadie, con la única ayuda de la comida y la cama que le proporcionaron los empleados de Qatar Airways, hasta que sufrió lo que fue descrito como un “ataque”. Fue trasladada a toda velocidad al hospital de Ibn Sida, donde murió.

La embajada no responde

El primero que mostró un poco de interés por Beebi Lumada, más en concreto por su cadáver, fue el médico que la atendió, que dictaminó que la mujer sufrió un ataque al corazón “provocado por el estrés”, y apuntó a que quizás sufría algún tipo de trastorno mental. Demasiada carga para soportar la pesadilla.

El segundo que prestó algo de atención a la asistenta fue el periodista que denunció la historia, la increíble historia de Beebi Lumada, criada india, 40 años, abandonada en el aeropuerto de Omán, sin pasaporte, sin teléfono. Y con el corazón a punto de estallar.

Después vinieron los demás. Por Lumada se preocupó Amnistía Internacional, que exigió una investigación pública de lo ocurrido. También lo hicieron las autoridades indias, que se han puesto manos a la obra, ya demasiado tarde. El último que se ha preocupado por Beebi Lumada es el Gobierno de Omán, pero para dejar claro, ante todo, que no tiene nada que ver con lo ocurrido.

El cruce de acusaciones no ha dejado títere con cabeza. “El pasaporte es importante, pero no más que una vida humana”, recuerda el gobierno indio a la compañía y a las autoridades del aeropuerto. “Avisamos a la embajada el primer día, pero lo único que decían era que estaban en ello”, se defienden los acusados.

El drama de la criada india abandonada, sin embargo, es sólo uno más de los que padecen miles de compatriotas suyos, también de pakistaníes y bangladeshíes, que cada año dejan su salud y su trabajo en los ricos Emiratos a cambio de renunciar al último de sus derechos laborales. La mayoría de ellos son invisibles. Como Beebi Lumada.

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