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domingo, 26 de marzo de 2017

FRAILES SIGUE EN RACHA

Me levanté y me fui a Frailes, paseé por aquellas calles de toda mi vida, en las que pasé y paso momentos de cualquier manera. La calle Santo Rostro está preparada para la jornada vinícola y la Plaza de los Toros está surcada por un río de agua que suena y se oye por la calle Parrizas. La casa de Rafael Maneque está allí y él vino de Fuengirola con su esposa Yarisleidi y su hijo Leandro. Un niño hermoso, alegre y con cuatro años parece un ángel cubano y frailero. Me acerqué a la cueva de Pilar y es hermosa, bonita, con flores en la puerta y con sol en la fachada. Desde allí, la vega y el balneario se ofrecen a la vista.
Después subí, de nuevo, a la Hoya del Salogral y el auto de Manuel Caño renqueaba en la cuesta de Los Rosales, y los vecinos seguían jugando a la petanca en la escuela de arriba. En la Hoya y en el cerro de la Mesa estaba abierto el restaurante y nos metimos allí, estaba lleno de gente. Encontré a Valeriano Cano, un gestor alcalaíno que lleva cuarenta años en Jaén y a su esposa Paqui que es frailera y ejerce de médica en Martos. Hacía tiempo que no los veía y nos hicimos un retrato para la posteridad, mientras nos citábamos para el día del vino en Frailes. Le enseñamos todo aquello al mexicano Juan Pablo que sigue saboreando la comarca en El Asno Azul y realiza trabajos para las Jornadas Literarias de Frailes. Antonio este hombre que vela por el Cerro sigue allí, con su gancha y vestido de blanco oscuro. También me encontré allí a Antonio, un juez frailero que vive en Jaén, hijo de Paco Chinela y a su mujer, la hija de Sevilla.

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