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jueves, 16 de febrero de 2017

EL FRAILES DE MICHAEL JACOBS Y MANOLO EL SERENO

Hoy os quiero dar cuenta de la portada de mi nuevo libro, que se llama 'El Frailes de Michael Jacobs y Manolo el Sereno' que lo presentaré el próximo día 7 de abril de 2017 en la Casa de la Cultura de Frailes, a partir de las 19:30 horas, si el tiempo no lo impide y si no hay ningún inconveniente. 
Lo he escrito para recordar la memoria de dos amigos: Manolo el Sereno y Michael Jacobs. dos personas con las que viví una serie de momentos sencillos pero que influyeron en mi vida. No es un libro importante, ni influirá en el devenir de la Humanidad. 
Solo he querido plasmar algunos ratos que pasé con ellos, que fueron importantes y me depararon una serie de vicisitudes de todo tipo, sobre todo de alegría. Eran unas personas divertidas, generosas, aventureras y junto a ellos parecía no haber penas. 
Cuando se fueron, me dejaron con la boca abierta y con este libro intento cerrarla.
Tiene un prólogo escrito por mi amigo Manuel Molina que se denomina 'Los hilos rojos de Frailes' y el mismo será el presentador del libro. 
Cuenta con numerosas fotografías que les fui haciendo en el tiempo que los conocí. . La portada es una foto de Blas Prieto, un gran fotógrafo de la comarca de la Sierra Sur.
Invito a todas las personas que quieran acompañarme a la presentación. Con ello, la Frailestud sigue su camino para que el futuro de Frailes sigue adelante.

miércoles, 15 de febrero de 2017

ALBERTO RAMOS, UN EXPERTO EN TATUAJES




Alberto Ramos es un joven gaditano que trata de establecer su oficio de tatuajes en el municipio alcalaíno. Dice que se inició cuando estaba estudiando Bellas Artes en Granada sobre 2009/2010, a través de unos amigos que se compraron unas máquinas y él más tarde adquirió una no muy profesional para sus principios. Hace un mes abrió este negocio en la calle Fernando el Católico y dice que por ahora ha tenido muy buena aceptación.
 Cuenta que a su establecimiento llega público de todas las edades, clientes que aún no son mayores de edad y tienen que venir con sus padres para demostrar que tienen permiso, también hay personas mayores hasta los sesenta años. Comenta que el tatuaje comercial y típico que le piden son nombres y fechas, aunque también sus clientes le solicitan retratos de animales, mascotas o retratos de personas, también imágenes de santos o cristos.
Manifiesta que el motivo que lleva a la gente a tatuarse es variado, en la actualidad se decantan porque está de moda, aunque otros se lo hacen por estética, incluso por amor o para tener un recuerdo de una persona, o para pasar una etapa esencial en la vida.
Añade que sus clientes eligen el lugar del tatuaje y hay gustos de todo tipo, siendo el nombre de las personas amadas uno de los más característicos, así como las fechas puntuales que van en la muñeca, las jóvenes, dice, que se tatúan en las costillas, también en las piernas y dice que hay clientes que eligen cualquier parte de su cuerpo. Intenta personalizar las imágenes que le traen, para que la persona tenga un tatuaje único, que solo lo tenga él y sea un signo de distinción y no sea una copia de otro tatuaje. Intenta guiar a sus clientes por la singularidad y no como ocurría hace años que se entraba a una tienda de tatuajes había una serie de ellos para escoger, como el del demonio que mucha gente se colocaba en la espalda.
Los tatuajes los hace con máquinas profesionales, hoy en día se pueden quitar con el láser, aunque es un proceso más doloroso y conlleva más sesiones que un tatuaje normal. Comenta que intenta amoldarse a todos los estilos, realismo, blanco y negro, color, puntillismo, lettering, japonés ….
El precio de los tatuajes oscila según el tamaño, el mínimo sería 40 ó 50 euros, si algún tatuaje necesita más tiempo, los hace por sesiones de varias horas y estaría entre 180 o 200 euros. En un brazo puede estar cuatro o cinco horas. Hay personas que aguantan más tiempo que otros, pero a partir de las tres horas el cuerpo empieza a resentirse.  

martes, 14 de febrero de 2017

MIGUEL MONTES ESCRIBIRÁ UN LIBRO DE COCINA FRAILERA




Mi amigo Miguel Montes está escribiendo un libro sobre la cocina frailera, voy a colaborar con él y tratar de serle útil para ayudarle en lo que pueda. Creo que será un libro importante para los fraileros y todos aquellos que le guste la gastronomía.
 Y ahora recuerdo algo que le escribí hace un tiempo: "Aquellos días de la infancia en el barrio Corral, mientras corríamos por las calles terrosas, nos unieron para toda la vida. Tú vivías con tu abuela Frasquita en aquella casucha humilde frente a mí, nos veíamos y seguíamos corriendo por la plaza, por las huertas. En aquellos tiempos de miseria, con pantalones de pana ni cortos ni largos, atados con un cinturón de tomiza.
Pero donde más disfrutábamos era en los Cantones, visitando a tu abuela Paz, desde allí dominábamos todo Sotorredondo y aquella cueva, donde vivía tu abuela, era como un palacio con pan duro cuando corríamos por aquellos montes, llenos de flores. O bajábamos a beber agua a aquella pequeña fuente que había que agacharse para tomar el agua con  las manos.

Después vendías pipas, caramelos, chicles en el Cinema España, con aquella bandeja que te colocó Fermín, e ibas del gallinero a los palcos, y visitabas las butacas. Colocabas las pizarras de los estrenos del cine y te miraba desde la tienda de mi madre.
Otro día ya proyectabas las películas y me dejabas entrar en aquél santa-sanctorum donde estaba la gran máquina que despedía las imágenes y se proyectaban en la pantalla.
A veces, desaparecías y te hiciste trabajador de una fábrica de harina en la Ribera Alta, recuerdo que un día fui con mi hermano Antonio a por aquellos sacos de harinilla para los cerdos y tú manipulabas aquellas piezas grandes y tenía envidia porque ya eras como un hombre con trabajo, pero lo que verdaderamente te gustaba, era estar en la sala de proyecciones del Cinema España. 

Otro día, me dijiste que te ibas a Ibiza a trabajar, y con el paso del tiempo te convertiste en un señor de los fogones y me contabas que hacías comida para 4.000 personas, yo ni me imaginaba como se puede dar de comer a tanta gente. 

También recuerdo tus amores, cuando me contabas tus andanzas y tus proyectos en el arte de Cupido.
Ahora, ya somos dos personas mayores que hemos ido recorriendo nuestras vidas, ahora nos vemos de vez en cuando, nos abrazamos y nos ponemos a contar nuestros achaques, ahora pensamos en el futuro de nuestros hijos y en la jubilación. Cuando seamos más mayores nos iremos al Cinema España y proyectarás alguna película para mí, y en el descanso sacarás tu bandeja y me venderás alguna chuchería, mientras Nat King Cole cantará aquella canción de los descansos que aún tengo grabada en mi mente".

domingo, 12 de febrero de 2017

CAFE Y LETRAS Y DESAMOR

Una vez más el colectivo literario ENTRE ALDONZAS Y ALONSOS ha vuelto a encandilar a los amantes de las palabras bien enhebradas en forma de relato. 
En la tarde del domingo 12 de febrero se desarrolló una nueva edición de sus consagrados "Café y Letras" en el bar musical Casablanca, que volvió a juntar a los habituales colaboradores de dicho colectivo.
El tema elegido en cuestión viene hilado con la próxima fiesta de San Valentín, pero buscando su antagonismo; EL DESAMOR. 
Los miembros de colectivo literario, allí presentes, retransmitieron el evento en directo desde su página de Facebook,  así los seguidores y participantes habituales del colectivo lo pudieron seguir desde la distancia. Un año más, y ya van 6, el colectivo sigue creciendo en participación, en calidad y en ilusión por compartir el maravilloso arte de escribir relatos cortos.
 Desde aquí invitar a todos los amantes de los relatos que quieran colaborar con nosotros, o simplemente leer nuestros relatos, a que se pasen por nuestro blog  https://entredulcineayquijote.blogspot.com.es/ . ¡Muchas Gracias a todos los que han participado en este evento, con su presencia, con sus relatos o con sus aportes tecnológicos! 
(Raúl Góngora)

sábado, 11 de febrero de 2017

EL ERMITAÑO DEL CERRO DE LA MESA


Hay dos perros que ladran y se dirigen zalameros al visitante cuando se llega al Cerro de la Mesa. Allí, lo mágico, la soledad, el cielo, la naturaleza, lo misterioso, lo oculto, la religiosidad impregnan a todo el que llega y en medio de aquel lugar se erigió una ermita y a un lado y a otro se construyeron una serie de edificaciones sin gracia, unas junto a otras, no guardando ningún control y con apenas armonía.
Desde Alcalá la Real hasta llegar a la Hoya del Salobral hay que recorrer unos 22 kilómetros, por la carretera que lleva a la villa de Frailes y tras pasar el municipio, por las eras del Mecedero, hay que seguir el camino por el lugar de Sotorredondo, empinar la vía que conduce a Los Rosales, donde el Ayuntamiento frailero ha colocado unos carteles para identificar aquellos parajes. ‘Solana de la Parra’, ‘Cerrillo El Ciego’, `Cañada Alcalá’ o ‘Los Barrancos’ van surgiendo a los ojos del viajero que trata de dirigirse al reino del taumaturgo santo Custodio. 

El Cerro de la Mesa se yergue escondido entre un macizo rocoso y el camino se extiende por las casas de aquellos cortijos, donde se pueden ver las cabras de estos hombres eternos que cuidan del terreno y están apegados a la vida de una forma especial.
Hay un sendero que conduce al oratorio del santo Custodio, incrustado en la roca. En el camino se puede encontrar a Antonio García, un hombre inquietante, vestido todo de blanco: pantalón, sudadera, camisa, gorra, aunque con aspecto de dejadez, barba incipiente, un bastón en la mano que le sirve para mantenerse en pie. Nada más preguntarle el porqué de su estancia en este lugar, contesta que “aquí llevo unos años, bastantes, no sé cuántos, mi padre era leñador, yo venía aquí a por leña. Nací en Mures cuando la Guerra Civil”. Cuando le pregunto por qué está aquí, contesta que le gusta ayudar en lo que puede, no es por dinero. Sus palabras no son coherentes, dice algunas cosas como ‘a ver si se afirma todo’; ‘no hay personas que vayan con el mismo propósito’. De pronto, se acercan a este lugar tres personas, Antonio las recibe en una especie de pequeña cochera, donde hay un sillón, tres sillas de plástico, una mesa llena de zumos variados, botellas de agua, plátanos, velas, una imagen grande del Corazón de Jesús, un cuadro de la Morenita, un cuadro del Amigo que nunca falta, dulces diversos, platos vacíos; todo revuelto. Los visitantes le piden la bendición, antes le han contado sus problemas; Antonio les da la mano y dice que es como una bendición y aquellas tres personas bajan hacia su automóvil. 

La mujer que se va, comenta que los ‘aparatillos’ no son buenos, refiriéndose a la grabadora. Antonio repite que nació al lado de Fuente Viejas, se fue a Córdoba. “Estoy aquí por qué tengo que vivir y cuanto más gente hay junta, peor se está’. Del santo Custodio piensa que fue un hombre estupendo. ‘A mí me va bien aquí, estoy con él y solamente con estar en este sitio, estoy a gusto’. Sigue y repite que no cobra nada, “pienso en vivir lo mejor que pueda, estoy jubilado, voy haciendo mi vida, ayudando a muchas criaturas, llega mucha gente y les echo la bendición y Dios es el que nos tiene que librar de los malos pensamientos”. A los que vienen a mí, les echo la bendición con las manos, les doy con mis manos a sus espaldas y al pecho.
Comenta que casi nunca sale del Cerro de la Mesa, va al médico y a veces a comprar alguna cosa, lo lleva algún amigo, pero lo que le gusta es ir a la casa del santo Custodio. Pero, después añade que en cualquier sitio se encuentra al santo Custodio. Dice que con la gente de la Hoya del Salobral se lleva bien, ‘no tengo dificultades con ninguno’. Relata que ha edificado dos casas aquí, el solar lo pagó a los responsables de la Hoya. Antonio se levanta temprano, apaña muchos árboles que ha recuperado en el monte, sobre todo olivos. Le pregunto que si tiene alguna comunicación con el santo Custodio y me contesta que “en realidad lo que hay que tener es un gran pensamiento y hablarle a las personas lo mejor que puedo y les digo lo que deben de hacer”. La gente que llega a su consulta le pregunta todo tipo de problemas. Comenta que muchas veces la gente que viene, encuentran calor en él. Habla, a veces, sin coherencia, dice “hay personas buenas que tienen el mismo pensamiento que yo, otros no”. Sigue diciendo “yo aquí me siento acompañado siempre, yo no le cobro a nadie, algún poder tengo, no quiero que digan que se les ha ido su dinero, mi espíritu sale de mi cuerpo, va donde más o menos lo voy dirigiendo, a lo mejor al cementerio”.  

Antonio pide que en la vida todos debemos ser formales y buenos, “la gente quiere dinero, pero deberíamos ayudar al pobre, no voy buscando dinero, ayudo a personas que veo caídas, no tengo interés en que la gente me escuche, me gusta ayudar y al que yo pueda darle de comer, lo hago”.   
Antonio no rehúye las fotografías, me enseña un lugar donde medita casi a diario, se tumba en una especie de piedra inclinada y las vistas son asombrosas, Sierra Nevada se presenta al frente, llena de esplendor y blanca reluciente. Después, Antonio me enseña su casa, está llena de imágenes religiosas, no está limpia, hay un cuarto con varias camas. Tiene una caja llena de estampas con su retrato, me ofrece un taco de ellas. Me despido de este hombre que viste todo de blanco, pero descuidado. Camino por el Cerro de la Mesa y pienso que Antonio está allí porque se siente arropado por la seguridad del santo Custodio. Es un ermitaño, un hombre solitario, que piensa que hace bien a los demás. Puede ser que se crea que tiene algún poder sobrenatural, algunas personas se acercan para encontrar solución a sus problemas. Lleva allí más de 30 años y no piensa irse. Sus manos están temblorosas, su cuerpo está ajado, sus ropas blancas están manchadas. Antonio me despido, alzando su mano. Después, voy a la fuente del santo Custodio, lleno tres garrafas de agua, el suelo está escarchado y tardo en llenar los recipientes, pues solo hay un hilo de agua. Me subo en mi automóvil y digo adiós a Ascensión y a otra mujer que hay a su lado. Al llegar a la carretera me bajo y hago otra foto.