
Aquella noche del 22 de mayo, entre las 21:30 horas, las caras de los socialistas alcalaínos se demudaron y la sorpresa se veía en sus mejillas. Elena Víboras miraba resultados en el despacho de la sede y en el salón principal, una pantalla escupía votos del centro y de las aldeas. La confianza de otros escrutinios había desaparecido y aquellos resultados parecían envenenados una y otra vez. 'Estamos igualados', tenemos los mismos votos que los populares se oía decir y nadie se atrevía a decir esta boca es mía; mientras Rubén Montáñés, Juan José Montiel y yo nos mirabamos atónitos, mezclados entre los militantes socialistas. Aquellas noches electorales de holgadas mayorías socialistas, de alegría y voces, daban paso a la zozobra, el desaliento y las caras tristes. Pero las urnas volvieron a votar nuevos votos socialistas de aldeas afines y del centro militante y la igualdad de tornó en diferencia, pero las caras seguían con aquél susto de primeras, las celebraciones parecían que eran forzadas, el ramo de rosas rojas se ajaba y la Elena Víboras multitudinaria, populista, vital y alegre, a pesar de la victoria, no sentía la alegría de otras veces, no veía recompensado tanto esfuerzo. En fín una mayoría absoluta más, ahora por la mínima.
Ahora las tornas parece que han cambiado, el lema es carácter, seguridad y humildad, vivir pegados al electorado, como la canción de Sergio Dalma. Labor de priorización de cuestiones esenciales y cercanía con el pueblo. Éste quiere trabajo, pero la alcaldesa sabe que no se lo puede dar.

